Científicos identifican 17 amenazas que podrían poner en riesgo a la humanidad antes de 2100
El informe estudia escenarios entre 2025 y 2100, incluidos el uso malicioso de la inteligencia artificial, una guerra nuclear, pandemias, cambio climático y desigualdad.

Un informe de la Comisión de The Lancet advierte sobre riesgos que van desde una guerra nuclear y el uso malicioso de la inteligencia artificial hasta el cambio climático, las pandemias y la desigualdad. Los expertos no predicen una fecha para el fin del mundo, sino que analizan escenarios que podrían evitarse o reducirse mediante acciones coordinadas.
La humanidad enfrenta una serie de amenazas que podrían comprometer la salud, el bienestar y la supervivencia de las próximas generaciones. Así lo advierte un análisis de la Comisión de The Lancet sobre las Amenazas Globales para la Salud del Siglo XXI, que identificó 17 riesgos con potencial para provocar consecuencias catastróficas durante las próximas décadas.
El estudio examina diferentes escenarios entre 2025 y 2100 y advierte que la combinación de factores tecnológicos, ambientales, sanitarios, económicos y militares podría agravar los problemas que enfrenta la población mundial. Entre los peligros que más preocupan a los especialistas se encuentran el uso malicioso de la inteligencia artificial (IA) y un posible conflicto nuclear.

Aunque el tema ha despertado interés por sus posibles implicaciones para el futuro de la humanidad, los investigadores no establecen una fecha específica para el fin del mundo ni aseguran que estas amenazas vayan a materializarse inevitablemente. Su objetivo es evaluar los riesgos, estimar sus posibles consecuencias y señalar las oportunidades de prevención.
Las dos amenazas que podrían tener consecuencias existenciales
Entre los escenarios más preocupantes se encuentran el uso malicioso de la inteligencia artificial y una guerra nuclear. Según el análisis divulgado por medios internacionales, ambos riesgos tienen el potencial de provocar daños de una magnitud extrema, aunque resulta difícil calcular con precisión la probabilidad de que ocurran.
En el caso de la inteligencia artificial, la preocupación no se limita al desarrollo de nuevas tecnologías, sino a la posibilidad de que sean utilizadas con fines destructivos. Un uso irresponsable o malintencionado podría facilitar actividades peligrosas, como el desarrollo de armas biológicas, la manipulación de sistemas críticos o la ejecución de acciones que escapen al control humano.
Los investigadores advierten que los avances tecnológicos pueden ofrecer importantes beneficios para la medicina, la investigación científica y la prevención de enfermedades. Sin embargo, también consideran necesario fortalecer los mecanismos de supervisión, seguridad y cooperación internacional para evitar que estas herramientas sean empleadas de manera perjudicial.
El segundo escenario es una guerra nuclear. Además de las muertes y la destrucción inmediatas, un conflicto de esta magnitud podría alterar las condiciones climáticas, afectar la producción de alimentos y desencadenar una crisis alimentaria de alcance mundial.
Las consecuencias podrían extenderse mucho más allá de los países involucrados directamente, debido a la interdependencia de los sistemas económicos, las cadenas de suministro y los recursos necesarios para garantizar la seguridad alimentaria.
Los especialistas señalan que, aunque no es posible determinar con exactitud cuándo o si ocurrirían estos escenarios, sus consecuencias potenciales justifican que sean considerados en la planificación internacional.
Las 17 amenazas identificadas por los expertos
Además de los riesgos asociados a la inteligencia artificial y los conflictos nucleares, la evaluación contempla otros 15 factores que podrían ocasionar pérdidas importantes de años de vida saludable durante el resto del siglo.
La lista incluye amenazas que ya afectan a millones de personas y otras cuyos efectos podrían intensificarse si no se adoptan medidas preventivas. Entre ellas se encuentran:
- Uso malicioso de la inteligencia artificial: su utilización para facilitar actividades destructivas, incluidas posibles amenazas biológicas.
- Conflicto nuclear: una confrontación capaz de provocar destrucción masiva y consecuencias humanitarias y ambientales globales.
- Contaminación del aire: la exposición a contaminantes que aumentan el riesgo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
- Resistencia a los antimicrobianos: la pérdida de eficacia de medicamentos utilizados para combatir infecciones.
- Desnutrición infantil: la falta de nutrientes esenciales durante etapas fundamentales del desarrollo.
- Cambio climático: el aumento de temperaturas y los fenómenos extremos que afectan la salud, los ecosistemas y la disponibilidad de recursos.
- Reducción o colapso de la ayuda internacional para la salud: la disminución de recursos destinados a programas sanitarios, especialmente en poblaciones vulnerables.
- Conflictos armados convencionales: guerras que provocan muertes, desplazamientos, destrucción de infraestructura y crisis humanitarias.
- Consumo elevado de alcohol: un factor relacionado con enfermedades, lesiones y muertes prematuras.
- Hipertensión arterial: una condición que incrementa el riesgo de accidentes cerebrovasculares y enfermedades cardíacas.
- Desigualdad de ingresos: las diferencias económicas que limitan el acceso a servicios, oportunidades y condiciones de vida adecuadas.
- Bajo nivel educativo: una condición que puede afectar las oportunidades laborales, el bienestar y el acceso a información sobre salud.
- Pandemias de origen natural: la propagación de enfermedades infecciosas capaces de afectar a poblaciones de distintos continentes.
- Obesidad: un problema asociado con un mayor riesgo de enfermedades crónicas y complicaciones de salud.
- Mala salud mental: los trastornos y las dificultades psicológicas que pueden afectar la calidad de vida y el funcionamiento social.
- Tabaquismo: un factor de riesgo para distintos tipos de cáncer y enfermedades respiratorias y cardiovasculares.
- Envejecimiento poco saludable: el aumento de los años vividos con enfermedades, discapacidad o pérdida de autonomía.
La clasificación reúne problemas de naturaleza muy distinta. Algunos dependen en gran medida de decisiones políticas y económicas; otros están relacionados con comportamientos individuales, transformaciones ambientales o acontecimientos extraordinarios. Sin embargo, los expertos destacan que estas amenazas pueden interactuar entre sí y aumentar sus efectos.
¿Cómo calcularon los riesgos para el futuro?
Para evaluar el impacto potencial de estas amenazas, los investigadores utilizaron estimaciones relacionadas con los años de vida ajustados por discapacidad, conocidos como AVAD. Este indicador permite medir la pérdida de años de vida saludable a causa de enfermedades, discapacidad y muerte prematura.
El análisis contempla proyecciones para 204 países y territorios y considera factores como las tendencias demográficas, las condiciones socioeconómicas, la evolución de las enfermedades y distintos factores de riesgo.
Este enfoque permite estudiar no solo cuántas personas podrían morir por una determinada causa, sino también cuánto tiempo de vida saludable podría perderse y qué parte de ese impacto sería posible evitar mediante intervenciones oportunas.
De acuerdo con la información divulgada sobre el informe, las 15 amenazas sanitarias y sociales, ambientales y económicas incluidas junto a los dos riesgos existenciales podrían representar, cada una, más de 1.000 millones de años de vida saludable perdidos acumulados hasta 2100 bajo el escenario de referencia empleado por los investigadores.
Esta cifra no significa que se hayan identificado mil millones de personas que necesariamente morirán, ni que el resultado esté garantizado. Se trata de una estimación de la carga sanitaria potencial acumulada, condicionada por los supuestos y las tendencias utilizados en los modelos.
Los riesgos no tienen una fecha exacta de ocurrencia
Uno de los aspectos más importantes del análisis es la diferencia entre identificar una amenaza y predecir cuándo ocurrirá. Aunque el titular de la noticia plantea la inquietud sobre los años en que podrían materializarse estos peligros, la investigación no ofrece un calendario definitivo de catástrofes.
En particular, no existe una estimación estadística suficientemente sólida que permita asignar una fecha precisa a escenarios extremos como una guerra nuclear de consecuencias globales o el uso de inteligencia artificial con efectos potencialmente existenciales.
Por eso, las proyecciones deben entenderse como herramientas para estudiar posibles escenarios y anticiparse a sus consecuencias, no como anuncios de que la humanidad desaparecerá antes de una fecha determinada.
Los resultados también dependen de la evolución de las condiciones mundiales. Las decisiones gubernamentales, la inversión en salud, los avances científicos, la cooperación entre países y las medidas para reducir las emisiones contaminantes pueden modificar el impacto futuro de varios de estos riesgos.
La prevención, un elemento clave para proteger a las próximas generaciones
La Comisión plantea que la magnitud y la interconexión de estas amenazas requieren respuestas que superen las acciones aisladas de cada país. La cooperación internacional, el fortalecimiento de los sistemas sanitarios y la capacidad de anticiparse a las crisis son elementos fundamentales para reducir los posibles daños.
En materia tecnológica, esto implica mejorar la supervisión de herramientas de inteligencia artificial y reforzar las medidas de seguridad frente a usos maliciosos. En salud pública, supone invertir en prevención, vigilancia epidemiológica, acceso a tratamientos y preparación frente a nuevas enfermedades.
En el ámbito ambiental, la reducción de la contaminación y de las emisiones que contribuyen al calentamiento global puede ayudar a disminuir riesgos para la salud. A su vez, las políticas orientadas a combatir la desigualdad, mejorar la educación y garantizar una alimentación adecuada pueden reducir la vulnerabilidad de millones de personas.
El informe plantea, en definitiva, que el futuro no está determinado por estas amenazas. Aunque algunos escenarios podrían tener consecuencias devastadoras, la prevención y las decisiones que se tomen durante las próximas décadas pueden influir significativamente en sus resultados.
Más que anunciar una fecha para el fin del mundo, la investigación busca llamar la atención sobre los peligros que requieren preparación desde ahora. Para los especialistas, reconocer los riesgos, comprender cómo se relacionan y actuar a tiempo será determinante para proteger la salud y el bienestar de las futuras generaciones.

