Medellín registró cinco homicidios en septiembre, la cifra más baja en 50 años
La ciudad contabilizó cinco asesinatos en septiembre de 2026, una reducción del 79 % frente al mismo mes de 2025; expertos piden analizar el dato más allá de la cifra.

Medellín registró cinco homicidios durante septiembre de 2026, el menor número mensual de asesinatos en medio siglo, según la comparación histórica divulgada por la Administración Distrital. La cifra contrasta con los 24 casos registrados en septiembre de 2025 y representa una reducción del 79 % en la violencia homicida durante ese mes.
El resultado también se refleja en el balance acumulado del año. Entre enero y septiembre de 2026, la ciudad contabilizó 183 homicidios, frente a los 249 registrados durante el mismo período de 2025. Esto representa 66 casos menos y una disminución del 27 %, de acuerdo con los datos del Sistema de Información para la Seguridad y la Convivencia (SISC).
La reducción constituye un avance relevante para una ciudad históricamente afectada por la violencia. Sin embargo, la interpretación de las cifras exige una mirada más amplia: además de establecer cuántos asesinatos se evitaron, es necesario examinar qué factores explican la disminución y cómo se relaciona con la presencia de estructuras criminales en los barrios.
La Alcaldía destaca la estrategia de seguridad
El alcalde Federico Gutiérrez atribuyó los resultados al trabajo coordinado de la Policía, la Fiscalía y el Ejército, así como a las acciones de prevención, investigación criminal y control territorial desarrolladas por las autoridades.
La Administración Distrital también informó reducciones en diferentes comunas y corregimientos. En el balance presentado por la Alcaldía, los homicidios asociados a estructuras criminales disminuyeron un 35 %, mientras que los relacionados con problemas de convivencia cayeron un 43 %. Los casos vinculados con hurtos bajaron un 38 %.
Estas cifras ofrecen indicios de una reducción que no se limita a una sola modalidad de violencia. No obstante, corresponden a las estadísticas oficiales divulgadas por el Distrito y deben analizarse junto con la evolución de otros delitos, las investigaciones judiciales y las condiciones de seguridad de cada territorio.
La tendencia también debe observarse durante los próximos meses. Un resultado mensual favorable no garantiza que la disminución se mantenga, especialmente en una ciudad donde las dinámicas entre organizaciones criminales pueden cambiar con rapidez.
Los grupos criminales siguen activos
Uno de los principales matices del balance está en la persistencia del crimen organizado. Santiago Tobón, investigador de la Universidad EAFIT y especialista en las dinámicas criminales de Medellín, ha señalado que la reducción de los homicidios debe entenderse dentro de un proceso de transformación que comenzó años atrás.
El investigador estima que en la ciudad operan alrededor de 350 bandas, agrupadas en aproximadamente 20 organizaciones de mayor tamaño vinculadas con actividades como el narcotráfico y la extorsión. En ese contexto, una caída de los asesinatos no implica necesariamente que esas estructuras hayan perdido capacidad económica o control territorial.
Una de las explicaciones planteadas por los expertos es que algunas organizaciones pueden tener incentivos para reducir los enfrentamientos visibles. Cuando la violencia atrae una mayor presión policial y judicial, mantener niveles bajos de homicidios puede favorecer la continuidad de negocios ilícitos.
Luis Fernando Quijano, presidente de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), ha planteado otra posibilidad: que la disminución también esté relacionada con treguas o decisiones estratégicas entre grupos criminales. Esta hipótesis constituye una interpretación de los expertos, no una causa demostrada de manera concluyente para explicar el resultado de septiembre.
La diferencia es importante. Una reducción de los asesinatos puede representar una mejora real para la vida cotidiana de los habitantes, incluso si algunas organizaciones mantienen influencia en determinados sectores. Pero para determinar si la seguridad está mejorando de manera integral también es necesario observar las denuncias por extorsión, las amenazas, los desplazamientos y la capacidad de las autoridades para desarticular las redes delictivas.
Una tendencia que viene de años anteriores
Los expertos consultados por EL PAÍS advierten que el descenso de los homicidios en Medellín no comenzó exclusivamente con la actual administración distrital. Desde 2013 se observa una tendencia general a la baja, relacionada con distintos factores institucionales y sociales.
Entre ellos figuran el fortalecimiento de las capacidades de la Policía y la Fiscalía, las inversiones sociales en zonas vulnerables y programas dirigidos a jóvenes expuestos a la violencia. Las intervenciones urbanas, el acceso a oportunidades educativas y laborales y las iniciativas de prevención también pueden contribuir a reducir los factores que facilitan el reclutamiento por parte de grupos criminales.
Esta perspectiva no descarta que las políticas de seguridad recientes hayan tenido efectos. Más bien, plantea que los resultados actuales pueden responder a una combinación de medidas acumuladas durante varios años, junto con cambios en el comportamiento de las organizaciones ilegales.
Por eso, atribuir toda la reducción a una única política o administración sería prematuro. Una evaluación rigurosa requiere comparar períodos equivalentes, revisar las tendencias históricas y examinar tanto los resultados operativos como los cambios sociales que influyen en la violencia.
El desafío es sostener la reducción
La cifra de septiembre permite proyectar un cierre de 2026 con una tasa cercana a 9,24 homicidios por cada 100.000 habitantes, si la tendencia se mantiene. Se trata de una proyección, no del resultado definitivo del año.
El desafío para las autoridades será evitar que una eventual disputa entre organizaciones criminales revierta los avances. Los expertos advierten que los niveles de homicidio también dependen de las relaciones entre las bandas y de la posibilidad de que sus disputas se intensifiquen.
A largo plazo, sostener la reducción exigirá combinar investigación judicial, presencia institucional, prevención de la violencia y oportunidades para las comunidades más vulnerables. También será necesario medir la seguridad más allá de los homicidios, incorporando indicadores que permitan conocer si los ciudadanos viven con menos amenazas, extorsiones y restricciones impuestas por actores ilegales.
Medellín tiene motivos para destacar el descenso registrado en septiembre. Pero el verdadero alcance de este resultado dependerá de que la disminución se mantenga y se traduzca en una reducción más amplia del poder criminal, con mayores garantías para quienes viven y trabajan en la ciudad.

