Inundaciones y bajos precios ponen en riesgo la próxima cosecha de arroz en Casanare
El Ministerio de Agricultura gestiona acuerdos con bancos, molinos y proveedores para aliviar las obligaciones y garantizar la siembra de 2027.

Las inundaciones registradas en julio y la caída de los precios del arroz han agravado la situación financiera de los productores de Casanare, uno de los departamentos más importantes para el abastecimiento arrocero de Colombia. Ante el riesgo de que los agricultores pierdan sus activos o se queden sin recursos para preparar la próxima cosecha, el Ministerio de Agricultura inició gestiones con entidades financieras, la industria molinera y proveedores de insumos para buscar mecanismos de alivio.
De acuerdo con información divulgada por la cartera agropecuaria el 8 de octubre, las inundaciones afectaron más de 13.000 hectáreas de cultivos en el departamento. La magnitud de las pérdidas preocupa especialmente porque Casanare representó el 54,8 % del área arrocera nacional durante el primer semestre de 2026.
A la emergencia climática se sumó el deterioro de los ingresos de los agricultores. Entre febrero y julio, el arroz paddy verde se comercializó en Yopal a un promedio de $1.264.000 por tonelada, un precio que, según el Ministerio, estuvo por debajo de los costos de producción de numerosos productores.
Una crisis que amenaza la capacidad de pago
La combinación de pérdidas en los cultivos e ingresos insuficientes ha aumentado la presión sobre las obligaciones financieras de los arroceros. Según cifras de Finagro citadas por medios económicos, los productores de Casanare acumulan compromisos por aproximadamente $470.000 millones con la industria molinera. Otros reportes sitúan el saldo total de la cartera del sector en una cifra superior, por lo que es importante distinguir entre las obligaciones mencionadas para determinados acreedores y el conjunto de la deuda financiera.
En este escenario, el Ministerio de Agricultura solicitó a Asobancaria, Induarroz y la Cámara de Procultivos de la ANDI participar en la búsqueda de soluciones que permitan a los agricultores recuperar capacidad de pago sin comprometer la continuidad de sus actividades productivas.
Entre las alternativas planteadas se encuentra el reperfilamiento de los créditos, es decir, la modificación de sus plazos y condiciones para ajustarlos a la capacidad real de pago de los productores afectados. También se propuso suspender temporalmente procesos de cobro jurídico, ejecuciones y embargos, así como revisar los plazos de las obligaciones con molinos y proveedores de insumos.
Estas medidas fueron presentadas como solicitudes para negociación. Su implementación depende de los acuerdos que alcancen las entidades financieras y los demás actores involucrados; por tanto, no significa que todas las deudas hayan sido reestructuradas o que los cobros estén suspendidos de manera general.
Casanare, una pieza clave para el abastecimiento de arroz
La situación del departamento trasciende las dificultades económicas de los agricultores. La importancia de Casanare en el área sembrada nacional hace que la recuperación de sus cultivos sea relevante para la cadena de producción, comercialización y abastecimiento de arroz en Colombia.
Cuando los productores enfrentan pérdidas, dificultades para acceder al crédito o falta de capital de trabajo, su capacidad para adquirir semillas, fertilizantes, combustible y otros insumos puede verse limitada. Esto puede afectar las decisiones de siembra y la continuidad de las explotaciones agrícolas.
Sin embargo, el impacto final sobre la oferta y los precios al consumidor dependerá de la evolución de las áreas cultivadas, los rendimientos, las existencias disponibles y el comportamiento de la producción en otras regiones. Las hectáreas afectadas no equivalen automáticamente a una pérdida de igual proporción en la producción nacional.
El desafío de asegurar la siembra de 2027
El objetivo inmediato de las conversaciones impulsadas por el Gobierno es evitar que las dificultades actuales se conviertan en una crisis de mayor duración. Si los agricultores no logran reorganizar sus obligaciones y recuperar liquidez, podrían enfrentar dificultades para financiar el siguiente ciclo productivo.
Por ello, el Ministerio busca coordinar una respuesta que incluya a bancos, molinos y proveedores de insumos. La participación de estos actores será determinante para establecer qué alivios son viables, cómo se distribuirán los riesgos y qué condiciones permitirían a los productores continuar trabajando.
El resultado de las negociaciones también pondrá a prueba la capacidad de respuesta institucional ante una emergencia que combina factores climáticos y económicos. La reestructuración de las deudas podría dar margen a los agricultores, pero no reemplaza la necesidad de recuperar los cultivos, mejorar las condiciones de comercialización y fortalecer la gestión de riesgos en el sector.
La prioridad será lograr que los productores afectados puedan retomar su actividad y preparar la cosecha de 2027. Para ello, el alivio financiero deberá traducirse en acuerdos concretos y oportunos, mientras las autoridades y los actores de la cadena evalúan la magnitud de las pérdidas y las necesidades de recuperación.

