El rescate fiscal de De la Espriella enfrenta una rebelión política
El proyecto propone cambios en el IVA, la renta de personas naturales y los aportes parafiscales, además de reducir gastos y reorganizar entidades públicas.

El proyecto de Ley de Rescate Económico presentado por el Gobierno de Abelardo de la Espriella comenzó a convertirse en uno de sus mayores desafíos políticos. La iniciativa, radicada el 29 de octubre de 2026 ante la Cámara de Representantes, busca reducir el gasto público, modificar el sistema tributario y estabilizar las finanzas del Estado. Sin embargo, sus propuestas para aumentar el recaudo mediante nuevos gravámenes y cambios en los impuestos existentes han provocado una resistencia que atraviesa tanto a la oposición como a los partidos que respaldaron la llegada del mandatario al poder.
La controversia se concentra en una pregunta que ha comenzado a dividir al Congreso: ¿es necesario aumentar la carga tributaria de los hogares y los trabajadores para corregir el desequilibrio fiscal del país, mientras se reducen algunos impuestos empresariales y se reorganiza el aparato estatal?
El proyecto, identificado como Ley 477 de 2026 Cámara, contempla modificaciones al IVA, al impuesto de renta de personas naturales, a los aportes parafiscales y al impuesto al patrimonio. También propone una reducción considerable de los gastos de funcionamiento del Estado y cambios en la contratación pública.
Aunque el Gobierno sostiene que las medidas son necesarias para evitar un deterioro mayor de las finanzas nacionales, las críticas de diferentes bancadas han puesto en duda la posibilidad de que la iniciativa consiga los votos necesarios para avanzar en el Congreso.
Una reforma que comenzó a dividir al propio oficialismo
Uno de los elementos más llamativos del debate es que las primeras resistencias no provinieron exclusivamente de la oposición.
El Centro Democrático, el Partido Conservador, Cambio Radical, el Partido Liberal, La U y sectores del Partido Verde han expresado reparos frente a los incrementos tributarios contemplados en el proyecto.
Incluso dentro de Salvación Nacional, colectividad que respaldó la candidatura presidencial de De la Espriella, surgieron voces contrarias a gravar productos de consumo cotidiano y aumentar las obligaciones tributarias de la clase media.
La senadora Sara Castellanos manifestó su rechazo a los incrementos del IVA sobre frutas, verduras y granos, así como a las mayores cargas tributarias para los hogares. En la Cámara, Carol Borda también expresó su respaldo a la reducción del tamaño del Estado, pero rechazó los aumentos de impuestos.
El presidente del Senado, Honorio Henríquez, del Centro Democrático, sostuvo que los colombianos no soportarían una nueva carga tributaria y defendió la necesidad de reducir el gasto estatal sin trasladar el costo del ajuste a las familias.
Las diferencias también alcanzaron a sectores liberales y verdes. El senador Héctor Olimpo cuestionó que el Gobierno busque aumentar los impuestos de los ciudadanos sin revisar primero los beneficios tributarios existentes. Por su parte, Ariel Ávila criticó el tratamiento diferencial que, a su juicio, recibirían las empresas y los hogares.
El escenario muestra que el Gobierno no enfrenta únicamente una discusión con sus adversarios políticos. También debe negociar con sectores que respaldaron su proyecto político, pero que consideran que algunas de las medidas contradicen sus compromisos electorales.
El IVA del 5 % al 19 %: uno de los puntos más polémicos
Una de las disposiciones que más preocupación ha generado está relacionada con el tratamiento del impuesto al valor agregado.
El proyecto plantea que, a partir de 2028, la mayoría de los bienes y servicios que actualmente tienen una tarifa del 5 % pasarían a estar gravados con la tarifa general del 19 %.
Entre los productos y sectores que han generado mayor controversia se encuentran el café, el azúcar, las harinas, algunos alimentos, los insumos agrícolas y otros bienes de consumo cotidiano.
La modificación también contempla cambios para determinados productos y servicios que actualmente reciben tratamientos tributarios especiales.
El impacto potencial de esta medida ha sido uno de los principales argumentos de quienes se oponen a la iniciativa. Los críticos advierten que el aumento del IVA podría trasladarse a los precios finales y afectar especialmente a los hogares de menores ingresos, que destinan una proporción mayor de sus recursos al consumo.
El Gobierno, por su parte, sostiene que la reforma incorpora un mecanismo denominado EfectIVA, diseñado para devolver parte del impuesto pagado a los hogares en situación de pobreza y vulnerabilidad.
Según la presentación oficial del proyecto, aproximadamente 19 millones de colombianos en condición de pobreza recibirían una devolución del IVA, mientras que otros hogares clasificados como vulnerables tendrían devoluciones parciales.
La efectividad de este mecanismo dependerá de su diseño definitivo, los criterios de identificación de beneficiarios, la cobertura y la capacidad administrativa para realizar las transferencias.
La discusión no consiste únicamente en determinar cuánto recaudaría el Estado, sino también en establecer si las devoluciones compensarían suficientemente el aumento de los precios que podrían enfrentar los consumidores.
Los trabajadores de ingresos medios también están en el centro del debate
Otro componente sensible de la iniciativa corresponde a los cambios en el impuesto de renta de las personas naturales.
El proyecto propone reducir los límites de determinadas rentas exentas y deducciones que actualmente permiten disminuir la base gravable de los trabajadores.
Entre las modificaciones se encuentra la reducción del límite anual de la renta exenta laboral del 25 %, que pasaría de 790 a 630 unidades de valor tributario. También se plantea disminuir el límite conjunto de rentas exentas y deducciones de 1.340 a 1.180 UVT y eliminar la deducción adicional de 72 UVT por dependiente.
Estas modificaciones podrían aumentar la base sobre la cual se calcula el impuesto de renta de determinados contribuyentes.
La preocupación se concentra especialmente en los trabajadores de ingresos medios y altos, quienes podrían experimentar un incremento en sus obligaciones tributarias dependiendo de sus ingresos, deducciones y situación particular.
El proyecto también plantea modificaciones en las tarifas marginales y en los mecanismos de retención en la fuente.
A esto se suman cambios en las condiciones de exoneración de aportes parafiscales y de salud. Desde 2027, el beneficio de exoneración plena de aportes al SENA, al ICBF y al régimen contributivo de salud quedaría limitado a trabajadores que devenguen hasta dos salarios mínimos legales mensuales vigentes.
La propuesta podría modificar los costos laborales para determinados empleadores y afectar la estructura de contratación de las empresas.
Es importante precisar que estas disposiciones todavía forman parte de un proyecto legislativo. Los cambios no están vigentes y pueden modificarse durante su discusión en el Congreso.
Mientras aumenta la presión tributaria, el Gobierno propone reducir impuestos empresariales
Uno de los argumentos más utilizados por los críticos de la reforma es la diferencia entre el tratamiento tributario propuesto para las empresas y el que recibirían algunos hogares.
El proyecto contempla reducir la tarifa general del impuesto de renta para las personas jurídicas del 35 % al 33 % durante 2027 y al 31 % a partir de 2028.
El Ejecutivo sostiene que una menor carga tributaria para las empresas podría estimular la inversión, mejorar la competitividad, favorecer la creación de empleo y atraer capitales nacionales y extranjeros.
Sin embargo, distintos congresistas cuestionan que esta reducción se produzca simultáneamente con modificaciones que podrían elevar los impuestos de las personas naturales y el IVA sobre determinados bienes y servicios.
La discusión se ha convertido en uno de los principales puntos de confrontación política. Mientras el Gobierno defiende los incentivos empresariales como una herramienta para impulsar el crecimiento económico, sus críticos consideran que el ajuste distribuye de manera desigual las obligaciones fiscales.
El debate también involucra el impuesto al patrimonio, los gravámenes sobre bebidas alcohólicas, tabaco y bebidas endulzadas, así como los impuestos relacionados con las emisiones de carbono.
La pregunta de fondo es si la combinación de menores impuestos empresariales y mayores cargas sobre el consumo y determinados ingresos personales generará el crecimiento económico que espera el Gobierno o terminará debilitando el poder adquisitivo de los hogares.
El recorte del Estado: la parte que sí encuentra respaldo
No todas las disposiciones de la Ley de Rescate Económico han generado rechazo.
La propuesta de reducir el tamaño del aparato estatal y controlar los gastos de funcionamiento ha encontrado respaldo en diferentes sectores políticos, incluso entre quienes cuestionan los nuevos impuestos.
El Ministerio de Hacienda informó que el proyecto contempla reducir en un 20 % los gastos de nómina de las entidades financiadas con el Presupuesto General de la Nación durante 2028, con excepción de la Fuerza Pública.
También propone disminuir en un 50 % el gasto en contratos de prestación de servicios durante 2027, tomando como referencia el gasto de 2026.
Según las cifras divulgadas por el Ministerio, el gasto en obligaciones por contratos de prestación de servicios habría pasado de $5,326 billones a $7,133 billones entre los periodos comparados por la entidad, un incremento cercano a $1,8 billones.
El Gobierno calcula que las medidas de austeridad podrían representar ahorros de $44,6 billones en 2027 y $76,1 billones en 2030.
La iniciativa también contempla límites al crecimiento de los gastos administrativos, restricciones a determinados gastos de publicidad oficial y mecanismos de reorganización de entidades públicas.
Uno de los artículos más controvertidos es el que propone otorgar facultades extraordinarias al presidente para reorganizar, fusionar, escindir o suprimir entidades del orden nacional.
Aunque el Ejecutivo argumenta que estas facultades permitirían reducir duplicidades administrativas y mejorar la eficiencia estatal, congresistas de oposición han advertido sobre los riesgos de concentrar decisiones de esta naturaleza en el Gobierno.
El representante Alejandro Ocampo, del Pacto Histórico, cuestionó el alcance de esas facultades y advirtió sobre las posibles consecuencias laborales de una reorganización institucional de gran magnitud.
El debate, por tanto, no se limita al ahorro presupuestal: también involucra la estabilidad del empleo público, la continuidad de los servicios estatales y los límites del poder ejecutivo.
La oposición prepara movilizaciones y los gremios también presentan reparos
La controversia ha comenzado a trasladarse fuera del Congreso.
El Pacto Histórico anunció que participará en movilizaciones contra el proyecto y señaló que la reforma afecta especialmente a los trabajadores y a los hogares de ingresos medios.
La colectividad prepara una jornada de movilización para el 19 de noviembre, en la que la Ley de Rescate Económico será uno de los motivos centrales de protesta.
Las críticas también han llegado desde organizaciones empresariales y gremiales.
Fenalco manifestó preocupaciones sobre el impacto de algunas disposiciones en el comercio, las tiendas de barrio, los consumidores y los insumos agrícolas. Aunque reconoció aspectos favorables del proyecto, pidió revisar medidas que podrían elevar los costos de determinados productos y afectar las ventas.
La Asociación Colombiana de la Industria Gastronómica, Acodrés, solicitó un análisis diferencial sobre las consecuencias de la reforma para restaurantes y establecimientos gastronómicos.
Por su parte, Fasecolda cuestionó el tratamiento tributario propuesto para algunos servicios relacionados con los planes voluntarios de salud.
La diversidad de cuestionamientos muestra que la reforma no enfrenta únicamente una oposición partidista. También existen inquietudes sobre sus consecuencias para sectores productivos, trabajadores, consumidores y empresas.
El Gobierno defiende el rescate fiscal y advierte sobre la situación de las finanzas públicas
El vicepresidente José Manuel Restrepo y el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, han defendido la necesidad de adoptar medidas urgentes para corregir el desequilibrio de las cuentas nacionales.
La administración sostiene que el país enfrenta una situación fiscal que exige reducir el gasto público, mejorar el recaudo y recuperar la confianza de los inversionistas.
En su presentación, el Gobierno argumentó que el crecimiento de los gastos de funcionamiento y de las obligaciones financieras limita la capacidad del Estado para atender sus compromisos.
El Ejecutivo también ha defendido que el ajuste debe comenzar por la reducción de la burocracia y la contratación estatal, antes de exigir nuevos esfuerzos a los contribuyentes.
Sin embargo, el propio proyecto combina medidas de austeridad con modificaciones tributarias que afectan diferentes grupos económicos.
Este aspecto será fundamental durante el debate legislativo, porque los congresistas deberán evaluar si el ahorro proyectado es suficiente, si las nuevas fuentes de recaudo son sostenibles y si la distribución de las cargas responde a criterios de equidad.
Un trámite legislativo con poco margen de negociación
El proyecto fue radicado el 29 de octubre de 2026 como Ley 477 de 2026 Cámara. Para convertirse en ley debe superar cuatro debates legislativos: dos en la Cámara de Representantes y dos en el Senado.
El calendario representa una dificultad adicional. El Gobierno busca que las medidas puedan tener efectos durante 2027, por lo que necesita avanzar rápidamente en el trámite antes de finalizar el año.
Sin embargo, las diferencias entre las bancadas podrían obligar al Ejecutivo a modificar artículos, negociar tarifas y retirar disposiciones para conseguir mayorías.
La experiencia de anteriores reformas tributarias demuestra que los proyectos radicados por los gobiernos no necesariamente terminan aprobándose en su versión original.
En este caso, la resistencia de sectores cercanos al presidente puede resultar especialmente determinante. Si el Gobierno no logra acuerdos sobre los impuestos al consumo y las modificaciones de renta, podría verse obligado a replantear una parte importante de su estrategia de recaudo.
La discusión también tiene un componente político: el país se aproxima a un periodo de mayor actividad electoral y los congresistas tendrán que medir el costo de respaldar medidas que puedan generar inconformidad entre sus electores.
El rescate económico se convierte en la primera gran prueba política del Gobierno
La Ley de Rescate Económico enfrenta al Ejecutivo con una de las decisiones más difíciles de cualquier administración: cómo corregir las finanzas públicas sin trasladar de manera desproporcionada el costo del ajuste a los ciudadanos.
El proyecto plantea una reducción significativa del gasto estatal, pero también propone modificaciones tributarias que han generado resistencia en sectores políticos y económicos.
La discusión apenas comienza y todavía no es posible determinar qué disposiciones sobrevivirán al trámite legislativo. Lo que sí resulta evidente es que el Gobierno deberá demostrar que sus propuestas son fiscalmente viables, socialmente equilibradas y compatibles con los compromisos que asumió durante su campaña.
En las próximas semanas, el Congreso tendrá que decidir si respalda el paquete de medidas, modifica sus componentes más polémicos o bloquea parte de la iniciativa.
El verdadero desafío no será solamente conseguir los recursos que necesita el Estado, sino construir un acuerdo político y social sobre quién debe asumir el costo de recuperar las finanzas del país.

