El Congreso ante el reto del ajuste fiscal
El Gobierno deberá negociar con el Congreso una ley de ajuste fiscal que busca reducir el gasto público en cerca de $45 billones para 2027. Las medidas concretas dependerán del proyecto que presente el Ministerio de Hacienda. Getty Images

El Gobierno colombiano se prepara para presentar una ley de ajuste fiscal con la que pretende reducir el gasto público en aproximadamente $45 billones durante 2027, una cifra equivalente a cerca de 2,2 puntos del producto interno bruto (PIB). La iniciativa, anunciada por el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, representa el siguiente desafío económico de la administración de Abelardo de la Espriella después de la discusión del presupuesto nacional. Sin embargo, al 21 de octubre, el proyecto todavía no se había radicado formalmente y sus medidas concretas seguían sin conocerse.

El Ejecutivo plantea el ajuste como una herramienta para recuperar la estabilidad de las finanzas públicas. El desafío consiste en reducir el gasto y contener el déficit sin comprometer de manera desproporcionada la inversión, los servicios estatales ni el crecimiento económico. La discusión también pondrá a prueba la capacidad del Gobierno para construir mayorías en el Congreso, donde la negociación presupuestal reciente evidenció tensiones entre distintas bancadas.

Un recorte de gran magnitud, todavía sin medidas detalladas

El ministro de Hacienda ha señalado que la ley está prácticamente lista y que su presentación estaba prevista después de resolver el trámite del presupuesto. No obstante, las declaraciones públicas conocidas hasta el 21 de octubre no permitían establecer qué programas, entidades o rubros serían objeto de recortes, ni cómo se distribuiría el esfuerzo fiscal entre los distintos sectores.

El texto aprobado para el presupuesto de 2027 establece que Hacienda deberá radicar una denominada Ley de Ajuste Fiscal Estructural en un plazo máximo de 90 días contado desde la firma presidencial del presupuesto. La disposición también contempla la presentación de informes trimestrales sobre la formulación, la radicación y el impacto fiscal de las medidas.

Ese plazo introduce un calendario para el Gobierno, pero no resuelve la principal incógnita: cómo se materializará el ajuste. Reducir gastos rígidos, modificar partidas de funcionamiento, revisar programas o buscar mayores ingresos son alternativas con consecuencias diferentes para las cuentas públicas y para los ciudadanos. Mientras no se conozca el articulado, no es posible afirmar cuáles serán las medidas escogidas.

El Congreso será decisivo

La aprobación de la iniciativa dependerá de una negociación política que puede resultar compleja. El debate presupuestal mostró dificultades para mantener el cuórum y conciliar posiciones entre el Ejecutivo y las bancadas. Esas tensiones podrían reaparecer cuando se discutan decisiones concretas sobre el tamaño del Estado, la financiación de programas y la distribución de los recursos.

El respaldo de partidos que no hacen parte de la oposición será especialmente relevante para construir una mayoría. Sin embargo, el apoyo al presupuesto no garantiza automáticamente los votos para una ley de ajuste fiscal: los congresistas podrían respaldar las cuentas generales y, al mismo tiempo, rechazar recortes que afecten sectores o regiones de su interés.

La discusión también enfrenta una diferencia de enfoque. Algunos sectores insisten en que el ajuste debe concentrarse en reducir el gasto y la burocracia; otros advierten que una disminución indiscriminada de recursos puede afectar la inversión pública y los servicios sociales. El contenido final de la propuesta permitirá determinar si el Gobierno prioriza la austeridad, incorpora cambios tributarios o combina distintas herramientas.

La advertencia de los analistas

José Ignacio López, presidente de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), ha señalado que el reto consiste en reducir el gasto público, disminuir las rigideces del presupuesto y fortalecer los ingresos estatales sin perjudicar el crecimiento económico. Su advertencia refleja un dilema central de la política fiscal: un ajuste insuficiente puede dejar intactas las presiones sobre las finanzas públicas, mientras que uno mal diseñado puede afectar la actividad económica y la capacidad del Estado para cumplir sus obligaciones.

La cifra de $45 billones debe entenderse como el objetivo de ajuste anunciado por el Gobierno, no como un ahorro ya conseguido. El resultado dependerá de las medidas que finalmente se presenten, de su aprobación legislativa y de la capacidad de ejecutarlas durante el próximo año.

Por ahora, el país conoce la magnitud aproximada de la meta, pero todavía no el contenido definitivo de la reforma. La radicación del proyecto será el primer paso para evaluar quiénes asumirían el costo del ajuste y qué mecanismos utilizaría el Ejecutivo para reducir el déficit.

La discusión será determinante para la política económica de 2027. Más que anunciar un recorte de gran tamaño, el Gobierno tendrá que demostrar que puede convertirlo en medidas viables, transparentes y compatibles con la sostenibilidad fiscal y el crecimiento económico.