Gerente del Banco de la República de Colombia.
Gerente del Banco de la República de Colombia. Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Durante su intervención en la 60ª Convención Bancaria de Asobancaria, celebrada en Cartagena, el gerente general del Banco de la República, Leonardo Villar, puso sobre la mesa un diagnóstico contundente: la fuerte apreciación del peso colombiano se ha convertido en un dolor de cabeza para los productores locales que compiten en el mercado internacional.

Un peso que no se explica por el mundo, sino por Colombia

El dólar se ha acercado en los últimos meses a la barrera de los COP 3.000, un nivel que no se registraba desde hace seis años. Pero, a diferencia de lo ocurrido en 2025, Villar fue enfático en que este fenómeno no puede atribuirse a una depreciación generalizada del dólar frente a las demás monedas del mundo: en 2026, el peso colombiano también se apreció más de 18% frente al euro y en porcentajes similares frente a divisas de países cercanos como Chile o Perú. Es, en otras palabras, un fenómeno propio de Colombia.

El golpe a la competitividad: salarios que se disparan en dólares

Aunque un dólar barato favorece las importaciones, Villar advirtió que plantea serios desafíos de competitividad para la industria exportadora. Un peso más fuerte encarece los productos colombianos frente a los compradores internacionales, empujándolos a buscar alternativas en otros mercados. Para dimensionar el daño, el gerente del Emisor citó una cifra reveladora: los salarios por hora que se pagan a trabajadores de baja calificación aumentaron cerca de 28% en pesos —por el incremento del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral— pero, medidos en dólares, el alza superó el 50%. Ese diferencial, dijo, obliga a los sectores transables a competir en condiciones "tremendamente desventajosas".

Las causas: salario mínimo, gasto público y una economía atractiva para el capital extranjero

Villar apuntó directamente a las decisiones de política económica del último año y medio como origen del problema. En primer lugar, el fuerte incremento del salario mínimo: cerca de seis puntos porcentuales por encima de la inflación en 2025, y en un grado "mucho más radical" —cerca de 17 puntos— en 2026. A esto se suma una agresiva política de expansión fiscal que llevó el déficit primario del Gobierno a máximos históricos, calificados por Villar como "abiertamente insostenibles". Esa mayor capacidad de gasto ha impulsado en el corto plazo la actividad económica y ha bajado el desempleo, pero también generó, según el gerente, un exceso de demanda interna que no es sostenible: en el segundo trimestre de 2026, la demanda interna creció 4,8% en términos reales, impulsada en buena parte por un consumo público que subió 11,5% real, de acuerdo con cifras del DANE. Ese mismo apetito fiscal, financiado en parte con deuda pública que resulta atractiva para inversionistas extranjeros, alimenta la entrada de capitales que fortalece al peso.

La inflación, una meta que sigue lejos

Villar recordó que la estrategia monetaria restrictiva del Banco fue clave para bajar la inflación desde un máximo de 13,4% en el primer trimestre de 2023 hasta un mínimo de 4,8% en junio de 2025. Sin embargo, a diferencia de otros países de la región —que continuaron acercándose a sus metas en 2025—, en Colombia la inflación no solo frenó su descenso, sino que repuntó con fuerza en 2026, ubicándose cerca del 6% en junio y julio: el doble de la meta oficial del 3%. Los análisis más recientes, señaló, sugieren que esa meta no se alcanzaría antes de 2028.

La respuesta del Banco: sin atajos monetarios

Frente a este panorama, Villar fue claro en descartar que la solución pase por una política monetaria expansiva —abaratar el dinero y el crédito—, pues eso solo agravaría la inflación. La estrategia que reivindicó es la que el Banco ha venido aplicando: mantener las tasas de interés altas mientras avanza la corrección inflacionaria, un enfoque que definió como una política monetaria "cautelosa y moderada". El mensaje es claro: pese a la presión de los exportadores por un peso más competitivo, no hay señales de que el Emisor vaya a ceder en el corto plazo.