El Dorado: fallas tecnológicas revelan Ocho de 14 sistemas de radar estarían fuera de servicio
La Procuraduría advirtió que ocho de los 14 sistemas de radar del país estaban fuera de servicio, mientras la Contraloría pidió explicaciones sobre mantenimiento, contratos e inversiones.

La falla registrada el 4 de noviembre de 2026 en los sistemas de visualización del tránsito aéreo del aeropuerto internacional El Dorado, en Bogotá, dejó al descubierto una preocupación que va más allá de los retrasos y las cancelaciones de vuelos: el estado de la infraestructura tecnológica que respalda la navegación aérea en Colombia. La Procuraduría General de la Nación advirtió que ocho de los 14 sistemas de radar instalados en el país estaban fuera de servicio y otros dos presentaban afectaciones, mientras que la Contraloría General solicitó explicaciones a la Aeronáutica Civil sobre las condiciones técnicas, contractuales y de mantenimiento de estos equipos.
El episodio reabrió el debate sobre la capacidad del Estado para garantizar la continuidad de las operaciones aéreas, especialmente en una terminal estratégica como El Dorado, que concentra una parte fundamental del transporte de pasajeros y mercancías del país.
La preocupación no se limita a una falla puntual. Los organismos de control han advertido sobre problemas de obsolescencia tecnológica, dificultades para conseguir repuestos y deficiencias en los contratos de mantenimiento de los sistemas que respaldan la navegación aérea.
Una falla que paralizó parte de la operación aérea
La contingencia comenzó alrededor de las 12:40 del mediodía del miércoles 4 de noviembre, cuando se presentaron fallas en los sistemas de visualización radar utilizados por los controladores aéreos del aeropuerto El Dorado.
De acuerdo con información conocida por Caracol Radio y Blu Radio, las pantallas utilizadas para observar la información y el movimiento de las aeronaves dejaron de funcionar, lo que obligó a aplicar procedimientos de contingencia y restringir temporalmente las operaciones.
El inconveniente afectó la coordinación del tránsito aéreo y provocó retrasos, cancelaciones y modificaciones en diferentes itinerarios. Las consecuencias también se extendieron a otras terminales, entre ellas los aeropuertos José María Córdova de Rionegro, Ernesto Cortissoz de Barranquilla y Olaya Herrera de Medellín.
Según los reportes periodísticos, durante la contingencia fue necesario ampliar la separación entre aeronaves y reducir el flujo de operaciones para mantener las condiciones de seguridad.
La Aeronáutica Civil informó posteriormente que la novedad técnica había sido superada y que se habían activado los protocolos operacionales y técnicos correspondientes. También dispuso personal especializado para recuperar y cargar nuevamente los planes de vuelo afectados.
Aunque la operación comenzó a normalizarse, el incidente dejó interrogantes sobre las condiciones de los equipos y la capacidad de respuesta ante nuevas contingencias.
La advertencia de la Procuraduría: ocho sistemas fuera de servicio
Uno de los datos más preocupantes fue divulgado el 5 de noviembre por la Procuraduría General de la Nación.
En un comunicado oficial, el organismo señaló que, de los 14 sistemas de radar instalados, ocho se encontraban fuera de servicio y otros dos presentaban afectaciones.
La entidad también advirtió sobre dificultades para conseguir repuestos de equipos considerados obsoletos y sobre enlaces de comunicaciones que no contaban con contratos de mantenimiento vigentes.
Estas condiciones habían sido objeto de advertencias anteriores a la Aeronáutica Civil. Por esa razón, la Procuraduría considera que la falla del 4 de noviembre constituye una nueva señal de alerta sobre el estado de la infraestructura crítica utilizada para la navegación aérea.
El organismo convocó al director general de la Aerocivil a una tercera mesa técnica, programada para el lunes 9 de noviembre a las 2:00 de la tarde, en la sede central de la Procuraduría.
En esa reunión deberá presentar un informe consolidado, acompañado de soportes técnicos y documentales, que permita conocer las causas de la contingencia, las medidas adoptadas y los avances en los proyectos de mantenimiento y modernización.
La advertencia plantea una cuestión importante: si las autoridades ya conocían las dificultades de los sistemas tecnológicos, ¿qué medidas se habían adoptado para evitar que una falla de esta magnitud afectara la operación aérea?
Contraloría exige explicaciones sobre mantenimiento e inversión
El 6 de noviembre, la Contraloría General de la República solicitó formalmente a la Aeronáutica Civil información detallada sobre la falla registrada en El Dorado.
El requerimiento contempla cinco aspectos fundamentales.
En primer lugar, pidió un informe técnico que explique las causas de la interrupción, los equipos afectados, el tiempo durante el cual permanecieron fuera de servicio y el momento exacto en que se restableció la operación.
En segundo lugar, solicitó establecer el impacto sobre los pasajeros y las aerolíneas, incluyendo el número de vuelos demorados, cancelados, desviados o reprogramados y los aeropuertos afectados.
El tercer aspecto está relacionado con los protocolos de contingencia. La Contraloría quiere conocer qué procedimientos técnicos y operacionales se activaron para responder a la emergencia y qué medidas se implementarán para prevenir nuevos episodios.
El cuarto punto se concentra en el estado técnico y contractual de los sistemas de radar y los equipos asociados. Para ello, pidió información sobre su antigüedad, vida útil, mantenimientos preventivos y correctivos realizados durante 2025 y 2026, así como los contratos vigentes para garantizar su soporte.
Finalmente, solicitó conocer los antecedentes de fallas similares y las medidas adoptadas para evitar que vuelvan a presentarse.
El requerimiento resulta especialmente relevante porque traslada la discusión desde el incidente operativo hacia la administración de los recursos destinados al mantenimiento y modernización de la infraestructura aeronáutica.
Por ahora, la solicitud de información no constituye una declaración de responsabilidad fiscal ni una sanción contra la Aerocivil. Se trata de una actuación de control orientada a esclarecer lo sucedido y determinar si existen irregularidades que ameriten investigaciones adicionales.
Los controladores aéreos advierten sobre las limitaciones tecnológicas
Las explicaciones entregadas por representantes del sector aeronáutico también han puesto el foco sobre las condiciones de trabajo de los controladores.
Nicolás Beltrán, representante de la Asociación Colombiana de Controladores de Tránsito Aéreo (Acdecta), explicó que la falla no necesariamente correspondió a una pérdida total de funcionamiento de los radares físicos, sino a los sistemas de visualización donde los controladores reciben información sobre la posición y el desplazamiento de las aeronaves.
Esta distinción técnica es importante. Los radares captan información sobre el tráfico aéreo, mientras que los sistemas de visualización permiten que los controladores interpreten y utilicen esos datos para organizar las operaciones.
Cuando las pantallas de visualización presentan fallas, los funcionarios deben recurrir a procedimientos alternativos, entre ellos aumentar la separación entre aeronaves y reducir la cantidad de movimientos autorizados.
Estas medidas buscan preservar la seguridad operacional, aunque también disminuyen la capacidad del aeropuerto para atender el volumen habitual de vuelos.
Representantes de las asociaciones de controladores y aviadores han advertido que los problemas recurrentes en los sistemas de vigilancia y comunicación pueden aumentar la presión sobre el personal y generar nuevas restricciones operativas si no se realizan inversiones estructurales.
El debate, por tanto, no se limita a reemplazar una pantalla o reparar un equipo. También involucra la actualización de los sistemas de comunicación, vigilancia, procesamiento y respaldo tecnológico que permiten administrar un espacio aéreo de alta complejidad.
El Dorado y su importancia estratégica para Colombia
El aeropuerto internacional El Dorado es una de las principales puertas de entrada y salida del país. Su importancia no se limita al transporte de pasajeros: también cumple un papel fundamental en el comercio internacional, la movilización de mercancías, el turismo y la conectividad empresarial.
Una interrupción prolongada en sus sistemas de gestión del tránsito aéreo puede generar consecuencias que se extienden mucho más allá de Bogotá.
Los retrasos pueden afectar conexiones internacionales, operaciones de carga, itinerarios de otras terminales y compromisos comerciales. También generan costos adicionales para las aerolíneas y dificultades para los pasajeros.
En una terminal que maneja un volumen elevado de operaciones, la disponibilidad de sistemas tecnológicos confiables resulta indispensable para mantener la capacidad operativa.
Por eso, la discusión sobre el estado de los radares y los sistemas de visualización también está relacionada con los planes de expansión aeroportuaria y el crecimiento de la demanda de transporte aéreo.
Una infraestructura física moderna necesita estar respaldada por tecnología de navegación, comunicación y control que pueda responder a las exigencias actuales del sector.
¿Quién debe responder por la modernización?
La Aeronáutica Civil tiene la responsabilidad de administrar y garantizar el funcionamiento de los servicios de navegación aérea dentro de sus competencias. Por su parte, la Procuraduría ejerce funciones preventivas y disciplinarias, mientras que la Contraloría vigila la gestión de los recursos públicos y puede establecer responsabilidades fiscales cuando existan los elementos correspondientes.
La participación de ambos organismos refleja que el problema tiene diferentes dimensiones: una técnica, relacionada con el funcionamiento de los sistemas, y otra administrativa y financiera, vinculada con los recursos destinados a mantenerlos y modernizarlos.
La información que entregue la Aerocivil permitirá conocer si las fallas obedecieron a problemas específicos de los equipos, a deficiencias en el mantenimiento, a limitaciones contractuales o a una combinación de factores.
También será necesario establecer qué inversiones se han ejecutado, cuáles están pendientes y qué cronograma existe para recuperar los sistemas fuera de servicio.
La discusión adquiere mayor relevancia si se tiene en cuenta que la Procuraduría ya había advertido sobre las condiciones de la infraestructura antes del incidente del 4 de noviembre.
Una alerta que no puede quedarse en otro informe
La falla de El Dorado dejó una advertencia sobre la importancia de mantener actualizados los sistemas que permiten administrar el tránsito aéreo del país.
Aunque la Aeronáutica Civil informó que la contingencia fue superada, la normalización de los vuelos no resuelve las preguntas relacionadas con la antigüedad de los equipos, la disponibilidad de repuestos, los contratos de mantenimiento y la cantidad de sistemas que permanecen fuera de servicio.
Las reuniones convocadas por la Procuraduría y los requerimientos de la Contraloría serán determinantes para conocer si existen soluciones concretas y verificables.
El país necesita algo más que explicaciones después de cada emergencia: requiere una estrategia de mantenimiento, modernización y prevención que garantice la confiabilidad de sus sistemas aeronáuticos.
En un sector donde cada decisión debe responder a estrictos criterios de seguridad, la tecnología no puede convertirse en una debilidad estructural. La pregunta que ahora deberán responder las autoridades es si Colombia cuenta con la infraestructura necesaria para sostener el crecimiento de su transporte aéreo y evitar que una nueva falla vuelva a poner en dificultades a miles de pasajeros.

