Superfinanciera alerta por brechas de crédito en Colombia: las zonas rurales siguen rezagadas
Solo el 35,6 % de los adultos tiene crédito en entidades vigiladas, frente al 96,5 % con productos de depósito, según la Superfinanciera.

Aunque el 96,5 % de los adultos tiene acceso a productos de depósito, solo el 35,6 % cuenta con crédito en entidades vigiladas. Los jóvenes, las comunidades rurales y las microempresas enfrentan mayores dificultades para obtener financiación formal.
El acceso al crédito continúa siendo uno de los principales desafíos para la inclusión financiera en Colombia. La Superintendencia Financiera de Colombia (SFC) advirtió que persisten diferencias importantes entre las grandes ciudades y las zonas rurales, así como entre los distintos grupos de edad y los sectores productivos, una situación que limita las oportunidades de crecimiento económico para millones de personas.
La alerta fue presentada por el superintendente financiero, Pablo Rivas Herazo, durante el 16.º Congreso Internacional de Asomicrofinanzas, realizado en Bogotá. En su intervención, el funcionario señaló que, pese a los avances del sistema financiero en la ampliación de la cobertura y el acceso a productos básicos, todavía existe una distancia considerable entre tener una cuenta o un producto de depósito y conseguir financiación formal.
Según las cifras del Reporte de Inclusión Financiera 2025, elaborado por la Superfinanciera y Banca de las Oportunidades, el 96,5 % de los adultos colombianos tiene acceso a productos de depósito, mientras que solo el 35,6 % cuenta con crédito en entidades vigiladas por la SFC.
Esta diferencia evidencia que disponer de una cuenta financiera no garantiza que una persona pueda obtener recursos para adquirir vivienda, financiar sus estudios, atender una emergencia o invertir en un negocio.
La advertencia pone sobre la mesa la necesidad de fortalecer los mecanismos de financiación y desarrollar productos que respondan a las condiciones económicas de las personas y las regiones.

Una brecha marcada entre las ciudades y las zonas rurales
Uno de los aspectos más preocupantes señalados por la entidad es la desigualdad territorial en el acceso al crédito. Mientras las ciudades y aglomeraciones registran una penetración crediticia del 45,7 %, en las zonas rurales dispersas el indicador llega apenas al 12 %.
La diferencia representa una barrera para los habitantes de municipios apartados que necesitan recursos para desarrollar actividades agrícolas, fortalecer pequeños comercios, adquirir herramientas de trabajo o ampliar sus fuentes de ingreso.
En estas regiones, el acceso a servicios financieros puede verse condicionado por factores como la distancia respecto de las oficinas bancarias, la limitada disponibilidad de información crediticia, la irregularidad de los ingresos y los costos asociados a la atención de clientes en territorios con menor densidad poblacional.
Además, una parte de la economía rural funciona mediante actividades cuyos ingresos pueden variar de acuerdo con las cosechas, las temporadas comerciales o las condiciones climáticas. Estas características pueden dificultar la evaluación de la capacidad de pago bajo los criterios tradicionales utilizados por las entidades financieras.
La Superfinanciera considera que ampliar la inclusión crediticia requiere desarrollar alternativas adaptadas a estas realidades. El objetivo es que las condiciones geográficas y económicas no se conviertan en obstáculos permanentes para acceder a financiación formal.
Los jóvenes también enfrentan dificultades para obtener crédito
La edad constituye otro factor que influye en las posibilidades de acceder a financiación. De acuerdo con la información divulgada por la Superfinanciera, solo el 19,4 % de los jóvenes entre los 18 y los 25 años accedió al crédito.
Esta situación puede estar relacionada con la falta de historial crediticio, la informalidad laboral, los ingresos todavía inestables y la ausencia de garantías suficientes para respaldar una obligación financiera.
Para quienes comienzan su vida laboral o desean poner en marcha un emprendimiento, no contar con acceso al crédito puede dificultar la compra de equipos, la financiación de estudios, la adquisición de herramientas tecnológicas o la puesta en marcha de una actividad productiva.
Sin embargo, la inclusión financiera no consiste únicamente en facilitar préstamos. También requiere que los productos se ajusten a la capacidad real de pago de cada persona, con condiciones transparentes y mecanismos que reduzcan el riesgo de sobreendeudamiento.
Por ello, uno de los desafíos consiste en ampliar las alternativas para los jóvenes sin comprometer su estabilidad financiera, mediante productos adecuados a sus ingresos y necesidades.
Las microempresas, entre las más afectadas
Las dificultades de acceso a financiación también se extienden al sector empresarial. La Superfinanciera destacó que el 92,5 % de las 1,78 millones de empresas del país son microempresas, pero solamente el 16,1 % obtiene fuentes de financiación.
El dato refleja una de las barreras que enfrentan los pequeños negocios para consolidarse, ampliar sus operaciones y generar empleo. Para muchas microempresas, el crédito puede ser determinante para adquirir inventario, renovar maquinaria, mejorar sus instalaciones, contratar personal o responder a necesidades temporales de liquidez.
No obstante, una parte de estos negocios opera con ingresos variables, registros contables limitados o poca separación entre las finanzas del hogar y las de la actividad comercial. Estas condiciones pueden dificultar la evaluación de su capacidad de pago y restringir el acceso a productos financieros tradicionales.
Cuando una empresa no consigue financiación formal, puede verse obligada a posponer inversiones, reducir su capacidad de crecimiento o recurrir a alternativas más costosas. Por esta razón, ampliar las posibilidades de crédito para las microempresas se considera una herramienta relevante para impulsar la productividad y fortalecer la economía local.
La entidad señaló la importancia de desarrollar productos que respondan mejor a las necesidades de los pequeños negocios, con procesos de evaluación adecuados a sus características y condiciones financieras.
El microcrédito gana relevancia en la inclusión financiera
En este contexto, el microcrédito aparece como una de las herramientas para ampliar las posibilidades de financiación de personas y pequeños negocios que no siempre cumplen los requisitos de los préstamos convencionales.
Durante 2025, los desembolsos de microcrédito alcanzaron $18,6 billones, lo que representó un crecimiento del 18 % frente a 2024, según la información divulgada por la Superfinanciera.
Esta modalidad está orientada a financiar actividades productivas de menor escala y puede contribuir a que comerciantes, trabajadores independientes y emprendedores accedan a recursos para fortalecer sus negocios.
Sin embargo, el crecimiento de los desembolsos no significa que las brechas estén resueltas. La cobertura sigue siendo desigual y persisten dificultades para llegar a determinadas poblaciones y territorios.
El reto consiste en lograr que el microcrédito y otras alternativas de financiación lleguen a quienes los necesitan, bajo condiciones sostenibles para los usuarios y para las entidades que ofrecen los recursos.
También resulta importante acompañar la financiación con educación financiera, asesoría empresarial y herramientas que ayuden a los beneficiarios a administrar los recursos, calcular los costos de sus obligaciones y evaluar la rentabilidad de sus inversiones.
La inclusión financiera no termina con abrir una cuenta
Las cifras presentadas por la Superfinanciera muestran que Colombia ha avanzado en el acceso a productos de depósito, pero todavía enfrenta dificultades para convertir esa cobertura en oportunidades de financiación.
Tener una cuenta permite recibir pagos, guardar dinero y realizar transacciones. Acceder al crédito, en cambio, puede abrir posibilidades adicionales para financiar proyectos personales o productivos, siempre que las condiciones de la obligación sean compatibles con los ingresos del usuario.
Por eso, la entidad insiste en que uno de los grandes retos consiste en profundizar el uso de los productos financieros y ampliar el acceso al crédito formal.
Este objetivo requiere la participación de bancos, cooperativas, entidades microfinancieras, empresas tecnológicas y organismos públicos. La innovación en los mecanismos de evaluación, el uso responsable de información financiera y el desarrollo de productos adaptados a las necesidades regionales pueden contribuir a reducir las barreras existentes.
Al mismo tiempo, ampliar la cobertura debe ir acompañado de transparencia en las tasas, información clara sobre los costos, protección al consumidor y medidas que prevengan el sobreendeudamiento.

El desafío de cerrar las brechas regionales
La advertencia de la Superfinanciera pone de relieve que la inclusión financiera sigue siendo un componente importante del desarrollo económico colombiano. Las diferencias entre las ciudades y las zonas rurales, las dificultades que enfrentan los jóvenes y las restricciones de financiación de las microempresas muestran que el acceso al crédito no está distribuido de manera uniforme.
Cerrar estas brechas podría facilitar la creación y consolidación de negocios, apoyar las actividades productivas y ampliar las oportunidades económicas en regiones que históricamente han tenido menor acceso a servicios financieros.
Sin embargo, el desafío no consiste solamente en aumentar el número de préstamos. También implica garantizar que las personas y empresas puedan acceder a productos adecuados, comprender sus condiciones y utilizarlos para mejorar su situación económica sin asumir riesgos financieros desproporcionados.
La Superfinanciera plantea así una agenda en la que ampliar la financiación formal, fortalecer el microcrédito y adaptar los productos a las necesidades de cada territorio serán elementos centrales para avanzar hacia una inclusión financiera más amplia y efectiva.

