Colombia crea 578.000 empleos en un año,
Colombia crea 578.000 empleos en un año, pero el agro pierde 204.000 puestos y enfrenta un nuevo desafío laboral JOAQUIN SARMIENTO/AFP via Getty Images

El mercado laboral colombiano mantuvo durante julio de 2026 la tendencia favorable que ha venido mostrando en los últimos meses, con una tasa de desempleo que se ubicó en 8,1% y un total de 578.000 personas ocupadas adicionales frente al mismo periodo del año anterior. Sin embargo, detrás de este resultado general se esconde una marcada diferencia en el comportamiento entre distintos sectores de la economía nacional.

Mientras actividades como la administración pública, la educación, la salud, el comercio y la construcción impulsaron de manera decidida la generación de empleo en el país, el sector agropecuario tuvo un comportamiento completamente opuesto, al perder 204.000 puestos de trabajo durante el mismo periodo de análisis.

Este dato fue destacado públicamente por María Claudia Lacouture, presidenta ejecutiva de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham Colombia), quien hizo un llamado a mantener lo que ella misma denominó un "optimismo prudente" frente a las cifras reveladas por el Dane.

La caída en la tasa de desempleo representa, sin duda, una señal positiva para la economía del país. La población desocupada disminuyó en un 6,9%, lo que equivale a 160.000 personas menos en esta condición, mientras que la tasa de ocupación llegó a 59,5% y la tasa global de participación se ubicó en 64,8%. Las tres mediciones presentaron variaciones estadísticamente significativas durante el trimestre móvil comprendido entre mayo y julio de 2026, de acuerdo con los datos entregados por la entidad estadística.

Un resultado con dos caras muy distintas

Pese al buen desempeño general, detrás de la cifra nacional se esconde un mercado laboral con comportamientos sumamente heterogéneos entre sus distintos sectores. El incremento en la ocupación estuvo encabezado principalmente por las actividades de administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana, ramas que en conjunto aportaron 404.000 nuevos puestos de trabajo durante este periodo.

La magnitud que representó este aporte específico llevó al economista Diego Montañez Herrera a advertir públicamente sobre la composición real de este resultado laboral. Según señaló el analista, casi siete de cada diez nuevos ocupados en el país durante este periodo provinieron exclusivamente de estas ramas económicas relacionadas con el sector público y los servicios sociales.

El segundo gran contraste dentro de este panorama laboral se encuentra precisamente en las actividades relacionadas con el campo colombiano. El sector de agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca registró una reducción de 204.000 personas ocupadas durante el mismo periodo analizado. Mientras el balance general del país muestra una expansión clara del empleo, este sector específico tuvo un comportamiento marcadamente negativo, lo que introduce un desafío adicional para la recuperación tanto laboral como productiva del país, particularmente en aquellas zonas donde las actividades agropecuarias representan un peso económico mucho más significativo.

María Claudia Lacouture resumió esta contradicción al señalar que, si bien existen razones legítimas para mantener cierto optimismo frente a los resultados generales, también advirtió que "el mapa importa" a la hora de interpretar correctamente estas cifras. La exministra destacó que sectores como la construcción, la manufactura y la tecnología están sumando empleo de manera consistente, mientras que el sector agropecuario continúa perdiendo trabajadores de forma sostenida. Su lectura apunta directamente hacia uno de los principales retos que deja este resultado: lograr que la tendencia positiva que hoy muestra el mercado laboral colombiano también consiga llegar de manera efectiva al campo.

¿Qué sectores están impulsando la creación de empleo en el país?

Más allá de los servicios asociados con administración pública, defensa, educación y salud, el comercio y la reparación de vehículos también aportaron un total de 158.000 personas ocupadas adicionales durante el periodo analizado. Por su parte, el sector de la construcción sumó 156.000 nuevos ocupados dentro de sus filas laborales.

Estos resultados evidencian que la generación de empleo en el país no se encuentra concentrada exclusivamente en una sola actividad económica, aunque resulta evidente que el peso específico de las ramas relacionadas con los servicios continúa siendo especialmente significativo dentro del comportamiento general del mercado laboral colombiano.

La lectura sobre el comportamiento reciente del empleo también abrió una discusión adicional en torno al papel que juega actualmente el gasto público dentro de esta dinámica. Carlos G. Fajardo, experto en temas económicos, señaló que el desempeño del mercado laboral continúa mostrando signos de mejora, y destacó tanto el incremento en el número de ocupados como la reducción que se ha registrado en la brecha de género. Según explicó el analista, esta diferencia entre hombres y mujeres llegó a 3,4 puntos porcentuales durante este periodo, una cifra considerablemente menor frente a los 10 puntos porcentuales que se registraban en el año 2020.

Fajardo también vinculó directamente la evolución reciente del mercado laboral con el comportamiento del gasto público, y planteó que este puede llegar a resultar favorable para la economía cuando se dirige efectivamente hacia el fortalecimiento de la demanda agregada y hacia la generación de mayor productividad. Sin embargo, su advertencia estuvo relacionada específicamente con el destino final que tengan esos recursos públicos, así como con la capacidad real de que el impulso generado sobre la economía logre traducirse en mejoras productivas que resulten sostenibles en el tiempo. Este comentario se produce, además, en medio de la discusión pública que existe actualmente sobre una eventual expansión adicional del gasto público en el país.

La brecha entre zonas urbanas y rurales sigue siendo profunda

El comportamiento sectorial del empleo también deja en evidencia una diferencia considerable entre las zonas urbanas y las zonas rurales del país. La proporción de ocupados informales cayó en todos los dominios geográficos analizados por el Dane, pero su nivel continúa siendo especialmente elevado en los centros poblados y en las zonas rurales dispersas del territorio nacional.

En estas zonas rurales, la informalidad laboral alcanzó un 82,5%, una cifra que contrasta fuertemente con el 40,5% registrado en las 13 principales ciudades y áreas metropolitanas del país, así como con el 41,8% que se presentó en el conjunto de 23 ciudades y áreas metropolitanas analizadas por la entidad estadística.

La reducción que experimentó la población desocupada también tuvo una expresión particularmente importante fuera de las principales ciudades del país. Esta disminución se explicó principalmente por el comportamiento registrado en otras cabeceras municipales, donde la cifra cayó en un 15,1%, así como en los centros poblados y zonas rurales dispersas, donde la reducción llegó al 18,3%. Sin embargo, este descenso en el número de personas desocupadas convive, de manera contradictoria, con la pérdida de ocupación que sigue enfrentando el sector agropecuario y con niveles de informalidad que todavía superan ampliamente los que se registran en los principales centros urbanos del país.

Las diferencias territoriales persisten en las cifras de desempleo

Las diferencias entre regiones también se mantienen vigentes dentro del comportamiento general del desempleo en Colombia. Quibdó presentó la tasa más alta de desocupación del país, con un 23%, seguida por Cartagena, con 13,6%, y Sincelejo, con 13%. En contraste, las menores tasas de desempleo se registraron en Medellín, con apenas un 7%, en el área metropolitana de Bucaramanga, con 7,2%, y en el área metropolitana de Pereira, con 7,5%. Vale la pena señalar que Cartagena fue la única de estas ciudades que presentó una variación estadísticamente significativa durante el periodo comprendido entre mayo y julio.

El panorama resulta todavía más exigente cuando se analiza específicamente la situación de los jóvenes dentro del mercado laboral. La tasa de desocupación de la población entre los 15 y los 28 años se ubicó en 14,1% a nivel nacional. Quibdó volvió a registrar el mayor nivel de desempleo juvenil del país, con un 33,6%, seguida nuevamente por Sincelejo, con 25,8%, y Cartagena, con 25,4%. En el extremo contrario se ubicaron el área metropolitana de Pereira, con 12,1%, y tanto el área metropolitana de Medellín como Florencia, ambas con 12,5%.

Una fotografía con dos caras

El dato correspondiente al mes de julio de 2026 deja, en definitiva, una fotografía con dos caras claramente diferenciadas del mercado laboral colombiano. Por un lado, el país logró reducir su tasa de desempleo, sumar 578.000 personas ocupadas adicionales durante el último año y disminuir la informalidad laboral en todos los dominios geográficos analizados por el Dane.

Sin embargo, este avance general no fue en absoluto homogéneo entre los distintos sectores y regiones del país: el sector agropecuario perdió 204.000 puestos de trabajo durante el mismo periodo, mientras que las zonas rurales del territorio nacional continúan manteniendo una informalidad laboral que llega al 82,5%, una cifra que sigue representando uno de los principales retos estructurales del mercado laboral colombiano.

El desafío que queda ahora sobre la mesa, según coinciden los distintos analistas consultados, consiste precisamente en lograr sostener esta mejora general que ha mostrado el mercado laboral en los últimos meses, y conseguir al mismo tiempo que la creación de empleo logre alcanzar de manera efectiva tanto a los sectores como a los territorios que, por ahora, continúan quedando rezagados frente al resto del país.