El Pulso Económico Regional del Banco de la República.
El Pulso Económico Regional del Banco de la República señala que el crecimiento del PIB nacional estuvo afectado en el tercer trimestre de 2026 por el terremoto y las altas temperaturas. Getty Images / Banco de la República

El Banco de la República advirtió que la actividad económica perdió dinamismo durante el tercer trimestre de 2026. Solo Bogotá y Nororiente conservaron resultados positivos, mientras que los efectos del terremoto de agosto, las altas temperaturas y la caída en las ventas de vivienda afectaron el desempeño de varias zonas del país.

La economía colombiana enfrenta nuevas señales de desaceleración. Durante el tercer trimestre de 2026, la actividad productiva perdió fuerza en las siete regiones analizadas por el Banco de la República y cinco registraron variaciones anuales negativas, de acuerdo con el informe Pulso Económico Regional, publicado el 21 de octubre.

El indicador nacional se ubicó cerca de cero entre julio y septiembre, una señal de que la actividad económica prácticamente dejó de avanzar frente al mismo periodo del año anterior, según esta medición. El resultado profundiza la pérdida de dinamismo que se ha observado durante 2026 y refleja las dificultades que atraviesan distintos sectores productivos.

Bogotá y la región Nororiente fueron las únicas que mantuvieron un balance anual positivo. En contraste, Suroccidente y Central Cafetera registraron algunos de los deterioros más pronunciados, en un contexto marcado por las consecuencias del terremoto del 10 de agosto, los problemas que enfrentó el sector agropecuario por las altas temperaturas y la debilidad de la vivienda nueva.

Cinco regiones registraron retrocesos

El informe del Emisor evidencia que la desaceleración no afectó a todos los territorios con la misma intensidad. Mientras algunas regiones conservaron actividades que impulsaron su desempeño, otras experimentaron una reducción de la producción y de la demanda.

Las regiones analizadas por el Banco de la República son Bogotá-Cundinamarca, Costa Caribe, Central Cafetera, Noroccidente, Nororiente, Suroccidente y Llanos Orientales.

Durante el tercer trimestre, únicamente Bogotá y Nororiente permanecieron en terreno positivo. Las otras cinco regiones presentaron caídas en la actividad económica frente al mismo periodo de 2025. Además, las siete zonas registraron un desempeño más débil en comparación con el trimestre anterior, lo que evidencia que la pérdida de impulso fue generalizada.

El resultado muestra una economía con comportamientos desiguales: algunos territorios todavía encuentran respaldo en la industria y el transporte, mientras otros enfrentan dificultades relacionadas con el clima, la construcción, el comercio y la menor demanda.

El terremoto de agosto agravó la situación en dos regiones

Uno de los factores que incidieron en el deterioro fue el terremoto ocurrido el 10 de agosto, cuyos efectos golpearon especialmente a Suroccidente y Central Cafetera.

Según el análisis del Banco de la República, los daños en infraestructura, las interrupciones de actividades industriales y la mayor cautela de los hogares afectaron el comportamiento económico de estas zonas. La incertidumbre también habría llevado a aplazar decisiones de compra, particularmente en el mercado de vivienda nueva.

A estos efectos se sumaron las altas temperaturas y los incendios, que perjudicaron actividades agropecuarias y redujeron el dinamismo de sectores que dependen de las condiciones climáticas.

El impacto de un evento de esta magnitud no se limita a las instalaciones afectadas directamente. Las interrupciones productivas pueden repercutir en el transporte, la distribución de mercancías, el empleo y las decisiones de inversión de las empresas, prolongando las dificultades incluso después de la emergencia inicial.

Las altas temperaturas presionan al sector agropecuario

El clima también se convirtió en un factor de preocupación para la economía regional. Las altas temperaturas y la menor disponibilidad de agua afectaron actividades agrícolas y pecuarias, con consecuencias para la producción y el abastecimiento de materias primas.

En los Llanos Orientales, por ejemplo, la reducción en la recolección de arroz repercutió en las plantas procesadoras de alimentos. En otras regiones, las condiciones climáticas limitaron la actividad agropecuaria y se sumaron a los obstáculos que ya enfrentaban las empresas.

Este panorama pone de relieve la vulnerabilidad de determinadas actividades económicas frente a los fenómenos climáticos. Cuando disminuye la producción agrícola, las consecuencias pueden extenderse a la industria de alimentos, el transporte de carga, el comercio y los precios que pagan los consumidores.

La evolución de estos sectores será relevante para determinar si las regiones afectadas consiguen recuperar parte del dinamismo perdido durante los últimos meses del año.

La vivienda nueva continúa debilitando la actividad

La construcción residencial es otro de los sectores que mantiene señales de debilidad. La caída en las ventas de vivienda nueva ha reducido el impulso de una actividad que genera empleo y demanda insumos de industrias como el cemento, el acero, los acabados y los materiales eléctricos.

El deterioro del mercado inmobiliario también afecta actividades complementarias, entre ellas los servicios de financiación, los seguros, el transporte de materiales y los servicios profesionales vinculados a los proyectos de construcción.

En las regiones más golpeadas por el terremoto, la incertidumbre y los daños en infraestructura habrían agravado las dificultades. Sin embargo, el informe distingue entre la evolución de las ventas de vivienda y el comportamiento de la construcción, pues una reducción en las compras no se traduce necesariamente en una caída equivalente de todas las obras en ejecución.

La debilidad del sector representa un desafío para la recuperación económica, especialmente por su capacidad para movilizar inversión privada y generar puestos de trabajo en distintas actividades.

Bogotá y Nororiente resisten gracias a la industria y el transporte

En medio del panorama desfavorable, Bogotá y Nororiente conservaron resultados positivos. De acuerdo con el Banco de la República, el comportamiento de estas regiones estuvo respaldado por actividades como la industria y el transporte.

La capital también mostró movimiento en el comercio minorista, con compras y donaciones institucionales destinadas a atender la emergencia en los departamentos afectados. No obstante, el informe advierte que la actividad comercial nacional también enfrentó limitaciones por la cautela de los hogares y las consecuencias del terremoto.

El desempeño de Bogotá y Nororiente evidencia que todavía existen actividades capaces de sostener el crecimiento, aunque sus resultados no fueron suficientes para compensar el deterioro observado en las demás regiones.

La diferencia entre territorios confirma la importancia de analizar la economía desde una perspectiva regional: los resultados nacionales pueden ocultar dificultades específicas en sectores y zonas que dependen de condiciones productivas distintas.

El comercio y la industria también pierden impulso

Aunque el transporte, el comercio y la industria habrían mantenido crecimiento durante el tercer trimestre, su ritmo fue menor que el registrado en el periodo anterior, según los sondeos del Pulso Económico Regional.

En el comercio, la cautela de los consumidores limitó el desempeño de las ventas, pese al avance de algunos segmentos, como los vehículos y las motocicletas. La incertidumbre económica puede llevar a los hogares a aplazar compras de mayor valor y priorizar los gastos esenciales.

En la industria, las diferencias entre regiones estuvieron relacionadas con la demanda, las condiciones de producción y las dificultades logísticas. Cuando las empresas reducen su actividad o aplazan inversiones, el efecto puede trasladarse a proveedores, trabajadores y negocios que dependen de sus operaciones.

Este comportamiento plantea un reto para los próximos meses: recuperar la confianza y estimular la actividad productiva sin perder de vista las presiones que enfrentan los hogares y las empresas.

¿Qué significa que el crecimiento esté cerca de cero?

El indicador del Pulso Económico Regional no es equivalente al producto interno bruto (PIB) y su valor cercano a cero no debe interpretarse como una contracción exacta de toda la economía nacional.

Se trata de un indicador sintético construido a partir de sondeos a empresarios y directivos, junto con información económica disponible, para identificar cambios en la actividad de las regiones. Su resultado permite observar si el desempeño mejora o empeora frente a periodos anteriores, pero no sustituye las cifras oficiales del PIB que publica el DANE.

La lectura central es que la economía perdió dinamismo durante el tercer trimestre y que la desaceleración alcanzó a buena parte del territorio nacional. Para confirmar la magnitud del crecimiento económico en términos del PIB, será necesario contrastar este diagnóstico con las estadísticas oficiales correspondientes.

Un cierre de año con desafíos para la recuperación

Los resultados del tercer trimestre dejan un panorama de crecimiento frágil, condicionado por los efectos de la emergencia sísmica, las dificultades climáticas y la debilidad de la vivienda nueva. Aunque algunas actividades continuaron expandiéndose, el balance regional muestra que ese impulso no se distribuyó de manera uniforme.

La recuperación dependerá, entre otros factores, de la capacidad de las zonas afectadas para restablecer su actividad productiva, de la evolución del consumo y de la respuesta de sectores como la construcción, la industria y el agro.

Para las autoridades económicas y las empresas, el desafío será identificar dónde se concentran los mayores obstáculos y qué medidas pueden contribuir a recuperar la inversión, el empleo y la demanda.

Por ahora, el diagnóstico del Banco de la República deja una advertencia: la economía colombiana no se encuentra ante una caída uniforme de todas sus actividades, pero sí atraviesa una desaceleración extendida que exige atención, especialmente en las regiones que registraron retrocesos durante el tercer trimestre.