Qué perdería América Latina en un mundo sin vacas: las cifras del documental que llega a Nueva York
Financiado por una empresa de nutrición animal y cuestionado por ambientalistas, el documental cierra su ciclo de galas en Nueva York con cifras sobre lo que Brasil, Argentina, Uruguay, Colombia y México se juegan en el debate climático.

Claves de la nota
- El documental World Without Cows llega a Nueva York el 18 de septiembre, en la cuarta y última función de gala de una tanda que comenzó en Dublín; la gira comercial por Norteamérica arranca en octubre y luego llegará a Sudamérica.
- Su argumento central se apoya en la FAO: la ganadería genera unas 6.200 millones de toneladas de CO₂ equivalente al año, cerca del 12% de las emisiones de origen humano, muy lejos del 51% que repiten algunas campañas.
- La película fue producida por Alltech, una empresa de nutrición animal, y una fundación ambientalista la incluyó entre las narrativas que suavizan el impacto climático del sector. Mientras tanto, Brasil, Argentina y Uruguay cerraron 2025 con cifras récord de exportación de carne vacuna.
Hay una pregunta que la industria ganadera latinoamericana evita hacerse en voz alta y que un documental llevó a las salas de cine: si mañana desapareciera el ganado del planeta, ¿qué se arreglaría y qué se rompería? World Without Cows responde que se arreglaría bastante menos de lo que promete el eslogan y que la factura más cara la pagaría una región donde la vaca no es solo un animal, sino también un empleo, una fuente de proteína y hasta una quinta parte de las exportaciones de algunos países.
La cinta cierra el 18 de septiembre en Nueva York una tanda de cuatro funciones de gala que comenzó en Dublín. No es un estreno absoluto: el documental circula desde 2024 en festivales y proyecciones del sector. Lo nuevo es el salto a las salas comerciales, que comienza en octubre por Norteamérica y tiene funciones previstas en Sudamérica, Europa, África y Asia.
Cinco años y 22 países para desarmar una consigna
Michelle Michael y Brandon Whitworth, ambos periodistas, dedicaron un lustro a filmar en 22 países y cinco continentes, con más de 40 locaciones y entrevistas a productores, científicos y especialistas ambientales. El montaje final dura 85 minutos y va del corazón agrícola estadounidense a Kenia, India y Brasil, con una escala irlandesa que sirvió de punto de partida para abrir la gira en Dublín. Está disponible en más de 25 idiomas, incluido el español.
Michael resume el hallazgo del rodaje sin épica: ninguno de los grandes problemas del planeta tiene una salida única ni sencilla. Whitworth fue más directo sobre la intención del proyecto. "La película no se hizo para ser una cámara de eco", advirtió el codirector al presentarla.
La cifra que sostiene toda la tesis
Todo el andamiaje científico de la cinta descansa en una discusión de escala. Un informe de la FAO difundido durante la COP28 cifró las emisiones de los sistemas ganaderos en 6.200 millones de toneladas de CO₂ equivalente anuales, alrededor del 12% de todo lo que emite la actividad humana. De ese total, los bovinos de carne y leche aportan 3.800 millones de toneladas: el 62% de la porción ganadera.
Es una cifra enorme y, aun así, cuatro veces menor que el 51% que circula en redes desde un cálculo publicado en 2009 por la revista World Watch, firmado por Robert Goodland y Jeff Anhang, cuya metodología fue cuestionada por especialistas en inventarios de emisiones. Para el productor ejecutivo Mark Lyons, el problema es de enfoque antes que de datos: "Las vacas se volvieron un símbolo en la conversación climática", sostuvo al lanzar el tráiler.
Quién pagó la película
Conviene decirlo sin rodeos, porque cambia la forma de mirar la cinta. Quien financió el rodaje fue Alltech, una firma estadounidense del negocio de la nutrición animal que Lyons dirige como CEO y que factura unos 2.600 millones de dólares anuales. Michael y Whitworth afirman que nadie intervino en sus decisiones editoriales.
Del otro lado, un informe de la Changing Markets Foundation titulado Dangerous Distractions, reseñado por Euronews, ubica al documental entre los contenidos que atenúan la huella ambiental de la industria y promueven la idea de que el ganado puede ser parte de la solución climática. El mismo informe señala que la película se proyectó dentro de las zonas oficiales de la ONU durante la COP30, en Belém. El espectador latinoamericano merece entrar a la sala sabiendo ambas cosas.
Del Río Grande a Tierra del Fuego: la cuenta regional
Aquí el debate deja de ser abstracto. Brasil terminó 2025 con 3,5 millones de toneladas embarcadas y una facturación de 18.000 millones de dólares, 40% más de ingresos que un año antes, con un hato comercial de 195,5 millones de cabezas, según el Beef Report 2026 de ABIEC. Toda la cadena movió 1,159 billones de reales, cerca del 9% del PIB del país.
Argentina también rompió su marca: el complejo de carne y cuero bovino sumó 4.727 millones de dólares y representó el 5,4% de todas las exportaciones del país, informó el Diario Río Negro con datos de la Bolsa de Comercio de Rosario. El récord llegó con la venta de menos toneladas que en 2024, impulsada por precios entre 28% y 43% más altos.
Uruguay repitió el patrón en una escala menor, pero con mayor peso relativo: la carne vacuna dejó 2.710 millones de dólares, un 29,4% más que el año anterior, y el conjunto de las carnes alcanzó un récord histórico de 3.250 millones, según el Instituto Nacional de Carnes.
Un millón de empleos que no aparecen en el debate global
La dimensión social del negocio es todavía mayor que la comercial. Colombia lo muestra con precisión: la ganadería bovina y bufalina generó 1.099.273 empleos directos sobre 736.972 predios censados por Fedegán en el primer ciclo de vacunación de 2025. De esas fincas, 216.670 están a cargo de mujeres y aportan 297.903 puestos. Un tercio del empleo total nace en establecimientos con menos de diez animales.
México muestra la misma anatomía. El país tiene un hato de 28,4 millones de cabezas repartido entre unos 800.000 productores, y el 61,8% de las unidades productivas maneja entre uno y diez animales. No se trata de latifundios, sino de economías domésticas que sostienen pueblos enteros.
El argumento nutricional que casi nadie discute
La película vuelve una y otra vez sobre algo que la FAO puso por escrito en 2023: la leche, el huevo y la carne aportan hierro, zinc, calcio y vitamina B12 en una forma que resulta costosa de sustituir cuando el presupuesto familiar es limitado. El organismo contabilizó 372 millones de niños en edad preescolar con carencia de al menos uno de tres micronutrientes clave —hierro, vitamina A o zinc— y 1.200 millones de mujeres en edad fértil en situación equivalente.
La salida que ensaya la región
El camino que exploran los gobiernos del Cono Sur no es sacar las vacas del mapa, sino obtener más rendimiento del suelo que ya está abierto. Brasil fijó la meta de rehabilitar 40 millones de hectáreas de pastos degradados a lo largo de diez años; el Ministerio de Agricultura calcula que con eso el país podría producir casi el doble de alimentos sin tocar un metro de vegetación nativa.
Los ensayos regionales ya arrojaron resultados. En Corrientes, Argentina, la producción cárnica trepó 74% al tiempo que la intensidad de emisiones retrocedió 21%; en Costa Rica, unos 1.800 establecimientos aumentaron 25% sus hatos sin sumar potreros. Andrés González, gerente de Sanidad Animal y Biodiversidad de la FAO, resumió esos pilotos al presentarlos en 2022: una ganadería "baja en emisiones es totalmente posible", según recogió Latam Green.
El documental no zanja la discusión ni lo pretende. La devuelve, con cifras y con su propio financiamiento a la vista, a quienes viven de ella.
© 2023 Latin Times. All rights reserved. Do not reproduce without permission.

