La inclusión financiera avanza, pero el acceso al crédito sigue siendo un desafío
Las salidas por incumplimiento superaron a los nuevos usuarios y a quienes lograron reincorporarse al sistema financiero.

Colombia cerró 2025 con un saldo neto de aproximadamente 480.000 personas menos en el mercado de crédito formal, luego de que las salidas por incumplimiento de obligaciones superaran los nuevos ingresos y las reincorporaciones al sistema. La cifra, divulgada por la Asociación Bancaria y de Entidades Financieras de Colombia (Asobancaria), vuelve a poner sobre la mesa uno de los principales desafíos del sector financiero: ampliar el acceso al crédito y ofrecer oportunidades para quienes han perdido la posibilidad de financiarse formalmente.
De acuerdo con los datos presentados por el gremio, durante 2025 alrededor de 3,15 millones de adultos salieron del mercado de crédito formal por incumplimiento de sus obligaciones. En contraste, 1,18 millones accedieron por primera vez a financiación y otros 1,49 millones lograron reincorporarse.
La diferencia entre estos movimientos dejó un saldo negativo cercano a 480.000 personas. Esto significa que, aunque hubo nuevos usuarios y ciudadanos que recuperaron su acceso, las salidas fueron superiores a las entradas.
Una amplia bancarización no significa acceso generalizado al crédito
El panorama de inclusión financiera muestra una diferencia importante entre tener una cuenta bancaria y contar con financiación formal.
Según el Reporte de Inclusión Financiera 2025, elaborado por Banca de las Oportunidades y la Superintendencia Financiera, Colombia tenía 39,24 millones de adultos. De ellos, 38,1 millones contaban con acceso al sistema financiero, equivalentes al 97% de la población adulta.
Sin embargo, cuando se analiza específicamente el acceso al crédito, la cobertura es considerablemente menor: 20,3 millones de personas tenían al menos un producto de crédito o financiación formal, equivalentes al 51,6% de los adultos.
Entre los productos más utilizados se encuentran las tarjetas de crédito, con una penetración de 23,9%, seguidas por los créditos de consumo, con 19%; el microcrédito, con 5,6%, y los créditos de vivienda, con 3,2%.
Las cifras evidencian que la expansión de las cuentas de ahorro y los depósitos no necesariamente se traduce en mayores oportunidades para obtener financiación. Para muchas personas, acceder a un préstamo continúa dependiendo de factores como sus ingresos, su historial crediticio, su estabilidad económica y su capacidad de pago.
Las dificultades para regresar al sistema financiero
La salida del mercado de crédito formal puede tener consecuencias que van más allá de la imposibilidad de obtener un nuevo préstamo. También puede limitar las oportunidades de adquirir vivienda, financiar un negocio, invertir en educación o atender necesidades económicas inesperadas.
Asobancaria señaló que alrededor de 8,5 millones de adultos han salido del sistema de crédito formal durante los últimos cinco años por reportes negativos asociados al incumplimiento de obligaciones.
Frente a este panorama, el presidente del gremio, Jonathan Malagón, ha planteado la necesidad de construir una estrategia conjunta entre el Gobierno y las entidades financieras para reincorporar a millones de colombianos al crédito formal.
La propuesta contempla una meta de cinco millones de personas que podrían recuperar gradualmente el acceso a financiación, mediante mecanismos que permitan evaluar nuevamente su comportamiento financiero y ofrecer alternativas ajustadas a su capacidad de pago.
El propósito también es reducir la dependencia de mecanismos informales de financiación, como el denominado préstamo gota a gota, que suele operar con condiciones poco transparentes y costos elevados.
La evaluación del riesgo y la educación financiera
Uno de los retos para las entidades financieras consiste en identificar a los usuarios que pueden recuperar su capacidad de endeudamiento sin comprometer su estabilidad económica.
Para ello, el sector plantea aprovechar nuevas fuentes de información y modelos de evaluación que permitan analizar más aspectos de la trayectoria financiera de una persona, en lugar de depender exclusivamente de antecedentes negativos.
La educación financiera también tiene un papel importante. Comprender las tasas de interés, los plazos, los costos asociados a los préstamos y las consecuencias del incumplimiento puede ayudar a los consumidores a tomar decisiones más responsables.
Sin embargo, la reincorporación no debe limitarse a entregar nuevos préstamos. También requiere evaluar las causas que llevaron a una persona a incumplir sus obligaciones y establecer condiciones que reduzcan el riesgo de repetir esa situación.
El desafío de construir una inclusión financiera sostenible
El comportamiento del crédito formal refleja una de las principales tensiones del sistema financiero colombiano: mientras la cobertura de productos de depósito se aproxima a la universalidad, millones de adultos todavía enfrentan barreras para acceder a financiación.
La diferencia también se manifiesta entre regiones y grupos poblacionales. El reporte oficial de inclusión financiera identificó una brecha de acceso al crédito entre hombres y mujeres, así como diferencias importantes entre las ciudades y las zonas rurales dispersas.
Para las entidades financieras, el desafío será desarrollar mecanismos que permitan ampliar la cobertura sin deteriorar la calidad de las carteras. Para el Gobierno, implica promover condiciones que faciliten la formalización económica, el empleo y el acceso responsable a los servicios financieros.
La propuesta de rebancarización abre una discusión sobre el papel del crédito en la movilidad económica de los hogares. Recuperar el acceso a financiación puede representar una segunda oportunidad para millones de personas, pero su sostenibilidad dependerá de que las alternativas ofrecidas respondan a sus ingresos reales y no profundicen los problemas de endeudamiento.

