La caña de azúcar, motor del suroccidente colombiano
Cultivos de caña de azúcar en el valle geográfico del río Cauca, una región donde esta agroindustria sostiene miles de empleos y abastece las cadenas de producción de azúcar, bioetanol y energía. Portafolio

La agroindustria de la caña de azúcar representa hasta 1,9% del producto interno bruto (PIB) agrícola colombiano y genera alrededor de 286.000 empleos directos e indirectos en el país. Así lo destacó un balance divulgado el 4 de noviembre de 2026, en el marco del Día Internacional de la Caña de Azúcar.

De acuerdo con cifras de la Asociación de Cultivadores de Caña de Azúcar de Colombia (Asocaña), esta actividad reúne a cerca de 4.600 cultivadores y 11.000 familias productoras. El cultivo ocupa aproximadamente 235.244 hectáreas en el valle geográfico del río Cauca y tiene presencia económica en más de 50 municipios de cinco departamentos.

Su importancia va más allá de la producción de azúcar. La cadena productiva involucra actividades agrícolas, industriales, comerciales y de transporte, que dinamizan las economías regionales y generan demanda de bienes y servicios. Según los datos presentados por el gremio, cada año la agroindustria demanda cerca de $7 billones en insumos, de los cuales 99,8% corresponde a materias primas utilizadas por los ingenios azucareros.

Azúcar, bioetanol y energía: una industria diversificada

Durante los últimos años, la agroindustria ha ampliado el aprovechamiento de la caña mediante la producción de azúcar, bioetanol y energía eléctrica. Esta diversificación permite utilizar diferentes componentes de la materia prima y generar productos destinados tanto al mercado nacional como al internacional.

En 2025, los ingenios molieron 23,3 millones de toneladas de caña, un crecimiento de 5,4% frente al año anterior. La producción de azúcar alcanzó dos millones de toneladas, mientras que la de bioetanol llegó a 444 millones de litros.

La actividad también permitió cogenerar 1.929 gigavatios hora (GWh) de energía durante ese año. De ese total, 880 GWh fueron entregados al Sistema Interconectado Nacional, contribuyendo al suministro eléctrico del país.

En materia comercial, las exportaciones de azúcar sumaron US$403 millones en 2025 y llegaron a cerca de 74 países. Entre enero y septiembre de 2026, las ventas externas acumulaban US$275 millones, según las cifras divulgadas por el sector.

El impacto económico en las regiones

El aporte de la caña se concentra especialmente en el suroccidente colombiano, donde su actividad tiene efectos sobre el empleo, los ingresos de los hogares y el desarrollo de proveedores locales.

Estimaciones de Fedesarrollo citadas en el balance sectorial señalan que por cada peso invertido en el cultivo se generan $9,20 adicionales en la economía. Asimismo, por cada peso destinado a la producción de azúcar, etanol y energía, se producirían $4,21 adicionales por los efectos indirectos de la actividad.

Estas cifras reflejan los encadenamientos productivos que conectan el cultivo con otros sectores. Sin embargo, también evidencian la importancia de mantener condiciones que permitan la rentabilidad de los productores y la sostenibilidad de las operaciones agrícolas e industriales.

La presidenta de Asocaña, Claudia Calero, destacó el papel de la ciencia, la tecnología y la investigación en el desarrollo de esta agroindustria. Por su parte, la directora ejecutiva de Procaña, Marcela Urueña, señaló que fortalecer la actividad significa proteger el empleo rural, promover la inversión y generar oportunidades para las nuevas generaciones.

Los desafíos de la competitividad

A pesar de su contribución económica, el sector enfrenta desafíos relacionados con la rentabilidad agrícola, la seguridad en las zonas productoras, la inversión y la transición hacia modelos energéticos más sostenibles.

La industria también necesita mantener su productividad y responder a las condiciones de los mercados nacionales e internacionales. En ese escenario, la innovación y el aprovechamiento integral de la caña serán determinantes para ampliar su competitividad.

La agroindustria azucarera continúa siendo una actividad estratégica para el suroccidente colombiano y para la economía nacional. Su importancia no se mide únicamente en toneladas de azúcar, sino también en los empleos que sostiene, las cadenas productivas que moviliza y su capacidad para aportar alimentos, combustibles renovables y energía al país.