Andrés Quevedo, viceministro general de Hacienda
Andrés Quevedo, viceministro general de Hacienda Santiago Granobles-Analdex

El Ministerio de Hacienda defendió ante el XXXVIII Congreso Nacional de Exportadores el nuevo ajuste fiscal que parte de reconocer obligaciones que habían sido omitidas dentro del presupuesto, recortar gasto público, y avanzar hacia una Ley de Rescate Económico que profundice la corrección de las finanzas del país.

El mensaje lo llevó Andrés Quevedo, viceministro general de Hacienda, quien presentó el deterioro de las finanzas públicas como consecuencia directa de decisiones acumuladas durante el gobierno anterior, especialmente relacionadas con el crecimiento sostenido del gasto de funcionamiento del Estado.

La exposición buscó instalar una tesis central ante los exportadores presentes: Colombia gastó por encima de su capacidad real de ingresos, financió esa brecha a través de deuda pública, y terminó restringiendo el espacio disponible para inversión, crecimiento económico, productividad y apoyo social hacia el futuro.

El "presupuesto de la mentira" frente al "presupuesto de la verdad"

Quevedo cuestionó que el presupuesto anterior, presentado ante el Congreso, reflejara plenamente las obligaciones reales del Estado colombiano. Hacienda denomina al proyecto que fue devuelto por el Legislativo como el "presupuesto de la mentira", y al nuevo cálculo presentado por la actual administración como el "presupuesto de la verdad".

Según las cifras expuestas durante la intervención, el Presupuesto General de la Nación (PGN) que fue devuelto sumaba $575,7 billones, mientras que el denominado presupuesto de la verdad alcanza los $635 billones. La diferencia, cercana a $59,3 billones, incorpora obligaciones que Hacienda considera fiscalmente ineludibles y necesarias para el funcionamiento del Estado.

Entre estas obligaciones aparecen necesidades específicas relacionadas con pensiones, salud, instituciones de educación superior, gastos de personal, y el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC). El argumento oficial es que estos compromisos financieros no podían permanecer subestimados dentro de las cuentas públicas del país.

La mayor tensión dentro de esta discusión radica en que reconocer el gasto real del Estado no resuelve por sí solo el problema fiscal: simplemente lo hace visible. Por esta razón, Hacienda plantea que el siguiente movimiento necesario debe ser un recorte que permita estabilizar efectivamente las cuentas públicas del país.

Un ajuste de $21,9 billones y una ruta hacia 2027

El ajuste fiscal anunciado por el Gobierno nacional asciende a $21,9 billones de pesos. De ese monto total, $14,7 billones corresponden a obligaciones que deben atenderse de manera prioritaria, mientras que $7,2 billones permitirían iniciar el proceso de estabilización fiscal, de acuerdo con la presentación mostrada durante este Congreso de Exportadores.

El resultado esperado para 2026 es una reducción del déficit primario, que pasaría del 4,4% del PIB —escenario que se tendría sin aplicar ningún recorte— hasta el 3,3% del PIB. Hacienda reconoce, sin embargo, que esta corrección apenas representa el inicio de la senda fiscal de ajuste que el país necesita recorrer.

Para 2027, el Gobierno nacional proyecta profundizar este proceso mediante una Ley de Rescate Económico. Sin la aplicación de esta medida específica, el déficit primario alcanzaría el 4,5% del PIB; con su implementación, en cambio, bajaría hasta el 2,3%, mientras que el déficit total quedaría previsto en 7,2% del PIB para ese año.

El Ministerio plantea, de esta manera, una estrategia de carácter gradual que se extendería hasta 2030, evitando prometer una reducción de la deuda pública que la propia entidad considera poco creíble en el corto plazo. La meta central es recuperar la sostenibilidad fiscal a través de sucesivos ajustes, mientras se protege al mismo tiempo el funcionamiento básico del Estado colombiano.

La "mala herencia" que Hacienda pone sobre la mesa

El punto más evidente dentro de la presentación de Quevedo fue la comparación directa con la administración anterior. El viceministro sostuvo que el problema central no fue únicamente gastar más recursos, sino hacerlo sin contar con ingresos suficientes, y sin retornar de manera oportuna al necesario ajuste de las cuentas públicas.

Quevedo resumió su crítica al gasto heredado con una advertencia puntual sobre el desequilibrio fiscal del país: "Se gastó más de lo que se podía gastar, más allá de lo que los ingresos podían soportar", afirmó el funcionario ante los exportadores.

La crítica también se concentró específicamente en la composición del gasto público heredado. Mientras el rubro de funcionamiento del Estado aumentó con fuerza durante los últimos años, la inversión creció mucho menos, dejando pocos recursos disponibles para una actividad que Hacienda considera decisiva para elevar la capacidad productiva del país.

El viceministro recurrió a una imagen sencilla para explicar esta herencia fiscal ante su audiencia: "Si yo gasto solamente el funcionamiento, no estoy sembrando para cosechar el fruto más adelante". La inversión, insistió Quevedo, representa directamente el crecimiento futuro del país.

Este diagnóstico adquiere un peso adicional considerando que buena parte del gasto de funcionamiento corresponde a rubros particularmente difíciles de reducir: pensiones, salud, el Sistema General de Participaciones, combustibles y el funcionamiento general del Estado. Esta inflexibilidad limita todavía más el margen disponible para destinar recursos hacia inversión pública.

De esta dinámica también surge una preocupación adicional planteada ante los exportadores: un Estado que absorbe una porción cada vez mayor de recursos destinados a funcionamiento, dispone en consecuencia de menos espacio para impulsar inversión pública y complementar efectivamente al sector privado nacional.

La conexión con el endeudamiento y las tasas de interés

El Ministerio conecta esta dinámica directamente con el nivel de endeudamiento del país. Si el gasto público supera de manera persistente a los ingresos disponibles, la deuda se convierte en la vía disponible para financiar esa diferencia, pero sus costos financieros aumentan progresivamente y terminan reduciendo aún más el espacio fiscal disponible.

Quevedo vinculó este proceso directamente con el nivel de las tasas de interés vigentes en el país. Según su explicación, una política fiscal de carácter expansivo contribuyó a generar presiones que obligaron a mantener una política monetaria más restrictiva, con el fin de contener la inflación y preservar la confianza de los inversionistas frente a la economía colombiana.

El efecto de esta dinámica, sostuvo el funcionario, trasciende directamente al propio Gobierno nacional. Las tasas de interés elevadas encarecen las decisiones financieras de los hogares y las empresas, limitan la inversión privada, y dificultan la recuperación de una economía que, según el diagnóstico de Hacienda, necesita urgentemente elevar su formación de capital.

El viceministro también relacionó el deterioro fiscal directamente con el comportamiento de la inflación. Según su exposición, Colombia habría registrado una inflación superior frente a otros países de la región, y habría tardado considerablemente más tiempo en regresar hacia su meta oficial, mientras otros países de la región avanzaban de manera más rápida en ese mismo proceso.

En ese contexto particular, Quevedo mencionó el incremento reciente del salario mínimo como un factor adicional que presionó tanto la inflación observada como las expectativas de precios dentro de la economía. Para Hacienda, la política económica del país debe guardar coherencia entre las decisiones fiscales y las decisiones de política monetaria.

Productividad, inversión y tasa de cambio: el segundo frente del ajuste

El diagnóstico presentado por el viceministro desemboca finalmente en un problema de carácter estructural: la productividad de la economía colombiana. Quevedo señaló que el país presenta actualmente niveles bajos de productividad por persona y por hora trabajada, mientras que el crecimiento tendencial de la economía habría caído del 3,4% al 2,6% en los últimos años.

Con una menor productividad y un menor crecimiento potencial, la discusión presupuestal deja de ser únicamente un ejercicio contable. Hacienda sostiene que Colombia necesita crecer por encima del 3% anual, y elevar su nivel de inversión desde el actual 16%-17% del PIB, hasta un rango de entre 23% y 25% del PIB.

Esta recuperación depende, según explicó el funcionario, de lograr que el país resulte nuevamente atractivo para el capital tanto nacional como internacional. Colombia no tendría suficiente masa crítica interna para depender exclusivamente del crecimiento doméstico, razón por la cual atraer inversión externa resulta especialmente fundamental para ampliar la capacidad productiva del país.

En este punto aparece también la tasa de cambio como otro frente de preocupación para Hacienda. Quevedo defendió que el sector público no debe generar distorsiones que afecten la dinámica cambiaria del país y que terminen produciendo daños colaterales, especialmente sobre los exportadores colombianos.

Este planteamiento resultó particularmente relevante dentro de este Congreso Nacional de Exportadores, ya que una tasa de cambio alejada de su nivel de equilibrio puede modificar directamente la competitividad de las empresas exportadoras. Hacienda plantea, en ese sentido, un marco en el que la iniciativa privada pueda desarrollarse sin interferencias fiscales adicionales.

El Ministerio identificó, además, la seguridad física y la seguridad jurídica como condiciones necesarias para recuperar los niveles de inversión que el país requiere. Según explicó Quevedo, la incertidumbre deteriora directamente la capacidad productiva del país, y limita la respuesta de aquellos sectores que deberían liderar la recuperación económica de Colombia.

Un mensaje final: el crecimiento como el mejor ajuste fiscal

Frente a todo este panorama, Quevedo buscó cerrar su intervención con un mensaje de carácter estratégico dirigido a los exportadores presentes: la confianza, la responsabilidad fiscal, la recuperación de la inversión y la protección social deben avanzar de manera simultánea dentro de la agenda económica del país.

"El crecimiento es el mejor ajuste fiscal que podemos tener", concluyó el viceministro general de Hacienda, resumiendo así la visión general que el Gobierno nacional busca transmitir tanto al sector exportador como al conjunto de la economía colombiana, en un momento en que el país enfrenta simultáneamente los retos de corregir sus finanzas públicas y de recuperar una senda de crecimiento sostenido hacia el futuro.