Victoria colombiana florecida en la cuenca del Orinoco.
Victoria colombiana florecida en la cuenca del Orinoco. Nilo Rodríguez/El País

Un equipo internacional de investigadores confirmó el descubrimiento de una nueva especie de lirio de agua gigante en Colombia. La planta, denominada Victoria colombiana, fue identificada en la cuenca del río Inírida, en el departamento de Guainía, y presenta características botánicas que la distinguen de otras especies de su género conocidas en Suramérica.

El hallazgo fue publicado en la revista científica Phytotaxa y reunió a especialistas de los Jardines Botánicos Reales de Kew, en el Reino Unido, y del Jardín Botánico de Bogotá, junto con conocedores indígenas de la región. Los investigadores estiman que existen entre 30 y 50 ejemplares silvestres, una cifra que convierte su conservación en una prioridad.

La investigación también destaca por la participación de integrantes de comunidades indígenas como coautores del trabajo científico, un reconocimiento al conocimiento territorial que contribuyó a localizar, estudiar y documentar la especie.

Una fotografía abrió el camino al descubrimiento

La investigación comenzó a partir de fotografías de una planta acuática tomadas en el río Inírida y publicadas en redes sociales por el cultivador estadounidense Jeremiah Harris. En las imágenes, la planta había sido identificada inicialmente como Victoria amazonica, una especie conocida por sus enormes hojas flotantes.

Sin embargo, el horticultor e investigador Carlos Magdalena, de los Jardines Botánicos Reales de Kew, advirtió que la ubicación no coincidía con la distribución conocida de esa especie. La observación llevó a contactar al equipo colombiano y a organizar nuevas exploraciones para comprobar si se trataba de una planta distinta.

Durante varios años, los investigadores analizaron la distribución de los ejemplares, recopilaron muestras y estudiaron sus características. El trabajo incluyó herramientas de observación satelital y expediciones en territorio indígena, con apoyo de conocedores locales que facilitaron el acceso a los lugares donde crece la planta.

La confirmación requirió comparar sus rasgos morfológicos con los de otras especies del género Victoria. El estudio identificó diferencias en la forma del ovario y en las espinas, más cortas y flexibles que las de especies cercanas.

Una planta extraordinaria y poco conocida

Las plantas del género Victoria se encuentran entre los lirios de agua más grandes del mundo. Sus hojas pueden alcanzar varios metros de diámetro y su reproducción depende de una interacción especializada con insectos.

En el caso de la Victoria colombiana, los investigadores documentaron el ciclo de apertura de la flor, que dura aproximadamente un día. Como ocurre con otras especies de este género, la flor cambia de apariencia durante su proceso reproductivo y atrae a los insectos que intervienen en la polinización.

La observación de este proceso en el entorno natural exigió expediciones repetidas, pues la floración ocurre solo durante determinados periodos del año y depende de las condiciones del agua. La dificultad para encontrar y registrar estos episodios fue uno de los retos del trabajo de campo.

El descubrimiento amplía el conocimiento científico sobre la diversidad vegetal de la cuenca del Orinoco y demuestra que todavía existen especies que requieren investigación detallada, incluso dentro de grupos de plantas emblemáticos.

La participación indígena en la ciencia

Uno de los aspectos más relevantes del hallazgo es el reconocimiento formal de integrantes de comunidades indígenas como coautores de la investigación. Nilo Rodríguez, Jaime Hernández y Gustavo Melo participaron en el trabajo de campo y aportaron su conocimiento del territorio para localizar y documentar la especie.

Este reconocimiento representa una diferencia frente a numerosas expediciones botánicas históricas, en las que los conocimientos de las comunidades locales eran utilizados sin que sus integrantes recibieran crédito como participantes de la investigación.

En este caso, la colaboración entre científicos y conocedores indígenas permitió combinar herramientas de taxonomía, tecnología satelital y experiencia territorial. La cooperación fue esencial para identificar los ejemplares y comprender mejor su distribución en un entorno de difícil acceso.

La experiencia también abre una discusión sobre la importancia de reconocer los aportes de las comunidades locales en la producción de conocimiento científico, especialmente en regiones donde la biodiversidad forma parte de la vida cotidiana y de los saberes transmitidos entre generaciones.

Una especie que necesita protección

La estimación de apenas 30 a 50 individuos silvestres plantea interrogantes sobre la supervivencia de la Victoria colombiana. Aunque la cifra deberá interpretarse en función de los métodos utilizados para localizar y contar los ejemplares, evidencia que se trata de una especie poco abundante y que necesita seguimiento.

El Jardín Botánico de Bogotá contempla continuar la recolección de semillas y cultivar ejemplares bajo condiciones controladas para estudiar su desarrollo. También se estudian alternativas para establecer plantas en un lago más accesible dentro del territorio indígena, una posibilidad que podría combinar investigación, conservación y actividades de ecoturismo comunitario.

Estas iniciativas todavía requieren desarrollo y evaluación. La propagación en jardines botánicos puede ayudar a preservar material vegetal y ampliar el conocimiento sobre la especie, pero no sustituye la protección de su hábitat natural.

La conservación dependerá también de comprender las condiciones ecológicas que necesita para reproducirse, evaluar las amenazas sobre los cuerpos de agua donde crece y trabajar con las comunidades que habitan la región.

Un hallazgo que amplía el patrimonio natural de Colombia

La identificación de la Victoria colombiana constituye un aporte a la botánica y al conocimiento de la biodiversidad nacional. Más allá de su valor científico, el descubrimiento muestra la importancia de combinar investigación internacional, tecnología y conocimiento indígena para estudiar ecosistemas de difícil acceso.

El siguiente paso será profundizar en el seguimiento de la población silvestre, desarrollar protocolos de propagación y determinar qué medidas de conservación pueden resultar más eficaces. La atención científica que acompaña el hallazgo podría contribuir a visibilizar la riqueza natural de Guainía y abrir oportunidades para iniciativas comunitarias de conservación y turismo responsable.

La nueva especie recuerda que el patrimonio natural colombiano aún guarda preguntas por resolver. El desafío ahora es asegurar que este descubrimiento no se limite a ampliar los registros científicos, sino que contribuya a proteger la planta y el ecosistema del que depende.