Colombia prepara infraestructura aunque no compra gas a Venezuela
Colombia prepara infraestructura aunque no compra gas a Venezuela Gráfico LR

El Gobierno colombiano dio un nuevo paso para recuperar el suministro de gas natural desde Venezuela mediante la rehabilitación del gasoducto binacional Antonio Ricaurte, una infraestructura que permanece fuera de operación desde hace más de una década. La iniciativa fue incluida entre los Proyectos de Interés Nacional y Estratégico (PINES), con el propósito de coordinar las entidades públicas y acelerar las gestiones necesarias para su recuperación.

El anuncio, comunicado por Ecopetrol el 4 de noviembre y ampliado por el Gobierno el 5 de noviembre de 2026, se produce en medio de las dificultades de abastecimiento que enfrenta Colombia y de una creciente dependencia de las importaciones de gas natural.

La infraestructura tiene una capacidad operativa de hasta 450 millones de pies cúbicos diarios. Sin embargo, la primera etapa del proyecto contempla importar aproximadamente 50 millones de pies cúbicos diarios desde Venezuela, equivalentes a cerca del 5% del consumo nacional.

Una infraestructura estratégica para el abastecimiento energético

El gasoducto Antonio Ricaurte fue inaugurado en 2007 y tiene una extensión aproximada de 225 kilómetros: 88 kilómetros en territorio colombiano y 137 kilómetros en Venezuela. Su trazado conecta La Guajira con la región del lago de Maracaibo, lo que permitiría transportar gas venezolano hacia el Sistema Nacional de Transporte colombiano.

La infraestructura fue construida para facilitar el intercambio energético entre ambos países, pero dejó de operar en 2015. Desde entonces, su deterioro y la falta de acuerdos que permitieran reactivar el suministro han impedido aprovechar su capacidad de transporte.

Con su inclusión en los proyectos estratégicos, la Vicepresidencia de la República tendrá un papel de coordinación entre las instituciones involucradas en la rehabilitación. Ecopetrol considera que recuperar esta conexión permitiría diversificar las fuentes de abastecimiento y reducir la exposición del país a las condiciones del mercado internacional de gas natural.

¿Por qué Colombia necesita importar más gas?

El abastecimiento de gas natural se ha convertido en uno de los principales desafíos energéticos del país. La disminución de la producción nacional y el crecimiento de la demanda han obligado a incrementar las compras en el exterior para atender las necesidades de hogares, industrias y empresas.

De acuerdo con cifras de producción citadas por el sector energético, Colombia ha registrado una reducción progresiva de su producción comercializada de gas. Esta situación ha aumentado la necesidad de complementar la oferta nacional con importaciones, principalmente mediante gas natural licuado (GNL).

El gas importado por vía marítima requiere procesos de licuefacción para transportarlo en buques y de regasificación cuando llega a las terminales colombianas. Estas etapas implican costos adicionales que pueden influir en el precio final del combustible.

La alternativa venezolana permitiría transportar el gas directamente por tubería, evitando esos procesos logísticos. Ecopetrol considera que esta modalidad podría ofrecer condiciones de suministro más competitivas para los hogares y la industria, aunque el precio final dependerá de los acuerdos comerciales y de los costos de recuperación y operación de la infraestructura.

La recuperación requiere inversiones y autorizaciones internacionales

La reactivación del gasoducto no será inmediata. La infraestructura necesita trabajos de rehabilitación y mantenimiento antes de transportar nuevamente gas entre los dos países.

Estimaciones de especialistas del sector energético citadas por medios económicos sitúan la inversión necesaria alrededor de los US$30 millones. Esta cifra corresponde a una estimación preliminar y no debe confundirse con un presupuesto contractual definitivo anunciado por Ecopetrol.

Además de las obras físicas, el proyecto requiere obtener la autorización correspondiente de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), dependencia del Departamento del Tesoro de Estados Unidos encargada de administrar y hacer cumplir los programas de sanciones económicas.

Esta autorización es especialmente importante por las restricciones que afectan determinadas operaciones comerciales y energéticas relacionadas con Venezuela. Por tanto, la posibilidad de importar gas dependerá tanto de la recuperación técnica del gasoducto como del cumplimiento de las disposiciones regulatorias y de las autorizaciones internacionales aplicables.

La inclusión del proyecto en los PINES facilita la coordinación institucional, pero no reemplaza los permisos necesarios ni garantiza que el suministro pueda comenzar inmediatamente.

Venezuela, un posible socio en la seguridad energética colombiana

El restablecimiento del intercambio de gas también tendría implicaciones para las relaciones económicas entre Colombia y Venezuela. El país vecino cuenta con importantes reservas de gas natural, mientras que Colombia necesita ampliar sus fuentes de suministro para responder a la demanda interna.

Una eventual importación permitiría establecer una nueva relación comercial energética, aunque también implicaría considerar los riesgos asociados a la estabilidad política, las condiciones contractuales, los pagos internacionales y la continuidad del suministro.

Para Colombia, depender de una fuente adicional puede reducir la presión sobre el abastecimiento, pero no debería reemplazar el desarrollo de reservas nacionales ni las inversiones destinadas a fortalecer la producción y la infraestructura energética.

El proyecto también plantea preguntas sobre la participación de Ecopetrol y de la estatal venezolana PDVSA, las condiciones de comercialización y los mecanismos que garantizarían la seguridad de las operaciones.

El desafío de garantizar energía a precios competitivos

La recuperación del Antonio Ricaurte representa una alternativa para enfrentar las dificultades del mercado colombiano de gas natural. Su capacidad potencial de transporte permitiría ampliar las opciones de abastecimiento, mientras que la primera fase de importación ofrecería un volumen inicial más limitado.

No obstante, el resultado dependerá de la rapidez con que se ejecuten las obras, de la disponibilidad efectiva del gas venezolano y de las condiciones regulatorias y comerciales que permitan concretar el intercambio.

La discusión energética colombiana no se limita a conseguir nuevas fuentes de suministro. También involucra el costo que deberán asumir los hogares, la competitividad de las empresas y la capacidad del país para garantizar energía suficiente en los próximos años.

La reactivación del gasoducto podría convertirse en una pieza importante de esa estrategia, pero su verdadero impacto se conocerá cuando la infraestructura esté rehabilitada, los permisos estén aprobados y el gas comience a llegar efectivamente al mercado colombiano.