Los trabajadores estadounidenses reciben la menor porción de la producción económica en casi 80 años. La IA podría empeorar la situación
Los economistas están divididos sobre cuánto del declive de largo plazo refleja un menor poder de negociación, la automatización y cambios en la forma de contabilizar los ingresos empresariales.

Los trabajadores estadounidenses reciben una porción cada vez menor de la producción empresarial de Estados Unidos, la más baja en casi ocho décadas, incluso mientras la productividad sigue mejorando. La situación plantea interrogantes sobre quién se beneficia más del crecimiento económico del país.
La participación laboral en los ingresos cayó al 52,8 % en el segundo trimestre de 2026, frente al 53,6 % del trimestre anterior y al 55,3 % registrado a comienzos de 2025, según la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.
El indicador mide qué proporción de la producción generada por las empresas no agrícolas se destina a los empleados mediante salarios, sueldos, prestaciones, pensiones y otras formas de remuneración. Durante buena parte del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, esa participación se mantuvo entre el 60 % y el 66 %. Luego comenzó un descenso sostenido a principios de la década de 2000.
La última caída reavivó las preocupaciones sobre si la inteligencia artificial podría acelerar el desplazamiento, al permitir que las empresas generen más producción sin un aumento proporcional de la remuneración de sus empleados.
Heather Long, economista jefe de Navy Federal Credit Union, dijo a CNN que los trabajadores podrían conservar sus empleos a medida que la IA se extienda, sin necesariamente participar de forma proporcional en las ganancias financieras resultantes.
Michael Feroli, economista jefe para Estados Unidos de JPMorgan, también planteó la posibilidad de que la participación laboral caiga por debajo del 50 % para finales de la década si las tendencias actuales continúan y la IA sigue transformando la manera en que operan las empresas.
Sin embargo, la tendencia a la baja comenzó mucho antes de que la IA generativa estuviera ampliamente disponible, y los economistas han identificado otros factores que contribuyen a explicarla.
La productividad de las empresas no agrícolas aumentó a una tasa anualizada del 1,4 % en el segundo trimestre, mientras que la remuneración por hora subió un 2,6 %, según el informe de productividad y costos de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.
Después de descontar la inflación, la remuneración por hora cayó un 3,3 % durante el trimestre y bajó un 0,1 % frente al mismo periodo del año anterior, aunque la productividad aumentó un 2,2 % en esos 12 meses.
Desde el cuarto trimestre de 2019, la productividad laboral ha crecido a una tasa anualizada del 2,1 %, en línea con su promedio de largo plazo desde 1947. Las cifras más recientes muestran que el aumento de los precios continúa erosionando el poder adquisitivo.
Los ingresos promedio por hora aumentaron un 3 % en septiembre frente a un año antes, mientras que los precios al consumidor subieron un 3,7 %. Como resultado, los ingresos promedio por hora ajustados por inflación cayeron un 0,7 %, y los ingresos semanales reales promedio disminuyeron un 0,1 %, según el informe de ingresos reales de septiembre de la Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos.
Los economistas también analizan cómo los cambios en las prácticas empresariales han afectado la proporción del ingreso nacional que se registra como remuneración de los empleados.
Un análisis independiente publicado el 3 de septiembre por la Tax Foundation cuestionó la interpretación de que los propietarios de empresas reciben casi la mitad de todos los ingresos económicos.
Los economistas Richard DiSalvo y Erica York sostuvieron que el indicador citado con frecuencia incluye componentes de la producción bruta que no se traducen directamente en ingresos recibidos por los trabajadores o los inversionistas.
Entre ellos figuran la depreciación, los impuestos sobre la producción y otros conceptos contables que deben descontarse antes de determinar cómo se distribuye el ingreso neto.
Con ese método, los investigadores estimaron que la participación del capital en el ingreso neto osciló entre el 22,6 % y el 31,7 %, dependiendo de cómo se clasificaran los ingresos obtenidos por los propietarios de empresas.
Calcularon que los ingresos laborales claramente identificables representaron el 68,3 % del ingreso neto, frente a aproximadamente el 69 % a finales de la década de 1940 y el 75 % durante la década de 1970.
La Tax Foundation reconoció que la participación del capital había aumentado desde 2000, pero sostuvo que el declive histórico de más largo plazo fue menos pronunciado de lo que parecían mostrar las cifras estándar de la Oficina de Estadísticas Laborales.
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