Estadounidenses pagan hasta US$20.000 por un ”reinicio” cerebral con ibogaína, pero médicos advierten sobre los riesgos
Cada vez más estadounidenses recurren a tratamientos con ibogaína para enfrentar adicciones y traumas, pese a los riesgos para la salud

Ciudadanos estadounidenses viajan a México y pagan hasta US$20.000 (£14.900) por experiencias supervisadas con ibogaína, promocionadas como una alternativa para enfrentar adicciones, traumas o agotamiento.
El interés por esta sustancia crece, aun cuando investigadores y organismos reguladores de Estados Unidos advierten que los psicodélicos pueden causar complicaciones cardíacas peligrosas.
El mercado también atrae a personas sin diagnósticos de trastornos por consumo de sustancias, que buscan lo que las clínicas describen como mayor claridad, resiliencia o mejor desempeño. Los programas de Beōnd Ibogaine, en Cancún, México, cuestan entre US$12.500 (£9.300) y US$20.000 (£14.900), y algunos clientes permanecen allí cerca de 10 días.
La ibogaína no está aprobada para uso médico en Estados Unidos, mientras que México se ha convertido en un destino importante para los estadounidenses que buscan esta sustancia, pese a que tampoco cuenta con una aprobación regulatoria oficial para tratamientos médicos. El interés se expande mientras la evidencia científica sobre sus efectos sigue sin ser concluyente.
Profesionales buscan un "reinicio" mental
En octubre de 2026, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) solicitó comentarios del público sobre su propuesta para diseñar ensayos clínicos iniciales con ibogaína. El organismo busca información sobre las dosis, los criterios de elegibilidad de los pacientes, el monitoreo cardíaco y neurológico, las reglas para suspender los ensayos y la supervisión de seguridad.
La agencia señaló que la ibogaína plantea importantes preguntas científicas, además de serias preocupaciones de seguridad, y que está priorizando investigaciones relacionadas con el trastorno por consumo de opioides y el trastorno de estrés postraumático.
Entre quienes han viajado a México está Mike Stratton, de 34 años, un empresario del sector de la salud que contó que inicialmente buscó la ibogaína mientras lidiaba con exceso de trabajo, malos hábitos de salud y dependencia de estimulantes, entre ellos la cafeína y un medicamento recetado para el TDAH.
Describió una experiencia intensa, en la que recuerdos y pensamientos no resueltos afloraron después de recibir una dosis alta de psicodélicos, seguida de un periodo en el que se sintió más presente y con mayor claridad mental. Stratton regresó después para someterse a tratamientos adicionales, aunque tanto la clínica como los participantes subrayaron que posteriormente eran necesarios cambios sostenidos de comportamiento y un proceso de integración.
Melissa Pruett, una empresaria de 37 años, es otra de las personas que viajaron a la clínica de Cancún después de enfrentar dificultades derivadas de los cambios posteriores al parto. Según informes, dijo que su experiencia con la ibogaína fue menos aterradora y que incluyó una reflexión sobre los sentimientos de insuficiencia y sobre su identidad después de convertirse en madre.
Natalia Earle también se sometió al tratamiento con ibogaína, pese a no haber tenido experiencias previas con psicodélicos. En una publicación de Instagram, dijo que solo durante el tratamiento se dio cuenta de la magnitud del malestar emocional que sentía.
Después de visitar la clínica, Earle afirmó que se sentía más feliz, tranquila y capaz de establecer límites. También describió mejoras en la piel, la inflamación y su sensación general de bienestar. Además, elogió al personal de Beond, sus instalaciones y el programa de apoyo.
Los riesgos cardíacos siguen siendo una preocupación central
El peligro de la ibogaína que cuenta con evidencia más clara está relacionado con la actividad eléctrica del corazón. Un estudio clínico en el que participaron 14 personas con trastorno por consumo de opioides encontró que la sustancia prolongó significativamente el intervalo QT.
La mitad de los participantes registró un intervalo QT corregido superior a 500 milisegundos. Los investigadores también observaron una disminución de la frecuencia cardíaca y problemas graves y temporales de coordinación en todos los participantes. Durante el estudio no se registraron casos de torsades de pointes, aunque los resultados evidenciaron riesgos cardíacos potencialmente importantes.
Informes de casos publicados han documentado arritmias ventriculares potencialmente mortales en personas sin enfermedades cardíacas diagnosticadas previamente.
Los investigadores señalaron que las diferencias en la forma en que cada persona metaboliza la sustancia podrían explicar, al menos en parte, la variación de las reacciones cardiovasculares. Recomendaron que cualquier tratamiento se realice bajo una supervisión médica estricta y con un monitoreo cardíaco riguroso.
La evidencia sobre adicciones y TEPT aún está en desarrollo
Estudios observacionales preliminares han reportado reducciones en los síntomas de abstinencia y los deseos intensos de consumir opioides después del tratamiento con ibogaína. Sin embargo, la evidencia disponible sigue siendo limitada y se necesitan ensayos clínicos controlados y de mayor tamaño para establecer su eficacia y seguridad a largo plazo.
Esto ocurre mientras agencias federales también respaldan investigaciones sobre el posible uso de la sustancia para tratar el trastorno por consumo de opioides y el trastorno de estrés postraumático (TEPT). No obstante, la FDA sigue describiendo la ibogaína como un medicamento en investigación, cuyos beneficios, riesgos, dosis y controles de seguridad requieren más estudios.
La agencia también autorizó un estudio inicial en Estados Unidos sobre la noribogaína, un metabolito de la ibogaína, como posible tratamiento para el trastorno por consumo de alcohol, y está solicitando datos que puedan respaldar nuevas investigaciones sobre la ibogaína.

