El riesgo para la matriz energética
El riesgo para la matriz energética Redes y Camilo Suárez

Semanas en las que hemos visto cómo decenas de incendios arrasan con la vegetación en diferentes departamentos parecen ser la profecía de una advertencia que ya había llegado desde hace meses: el fenómeno de El Niño venía sin reparos y con temperaturas históricamente elevadas.

En esta entrevista, Andrés Arroyave, activista y académico ambiental, advierte que todavía no hemos visto lo peor del fenómeno y da luces sobre cómo mitigar sus estragos.

¿Estamos preparados para afrontar un fenómeno de El Niño "muy fuerte"?

"Uno podría decir que el país se ha ido preparando para enfrentar El Niño, pero que esa preparación no es suficiente para contrarrestar completamente sus impactos. Esa sería la lectura hoy, entendiendo que el fenómeno apenas está comenzando y que la etapa más crítica se espera para finales de este año e inicios del próximo. Incluso, podría decirse que, si no se hubieran generado esos lineamientos, la situación sería mucho peor".

Si lo peor aún no llega, ¿cómo se entienden los incendios que ya estamos viendo?

"Lo que pasa es que incluso ya no se habla de un 'SúperNiño', sino de que podría ser uno de los fenómenos más intensos de la historia. Uno podría decir que El Niño es un fenómeno natural, pero que el calentamiento global y la crisis climática lo han fortalecido cada vez más. Por ejemplo, aunque todavía no estamos en la fase más crítica, ya estamos viendo impactos muy fuertes.

En algunas ciudades del Caribe se superaron los 50 grados. Entonces, que no estemos en la etapa más crítica no significa que los efectos hasta ahora hayan sido suaves. No lo han sido. Además, como el suelo está más seco y tiene menos humedad, es más fácil que se generen incendios. Sin embargo, los datos oficiales muestran que cerca del 90% de los incendios o conatos son resultado de la acción humana.

Hoy el país está en una situación de vulnerabilidad por esas condiciones y también porque la matriz energética de Colombia depende entre un 60% y un 70% de la generación hídrica, a través de hidroeléctricas o pequeñas centrales hidroeléctricas. Si disminuye el agua disponible, la generación de energía puede verse comprometida".

En Medellín se ha hablado de racionamiento. ¿Cree que todo el país debería empezar a pensar en esas medidas?

"Lo primero que hay que entender es que la realidad energética no es igual en todo el país. En la Costa Caribe, por ejemplo, históricamente ha habido grandes problemas en la prestación del servicio de energía. Para ellos hablar de cortes es casi un dolor de cabeza permanente. Pero, en realidad, todos deberíamos estar haciendo un uso racional del agua. Nunca se debería desperdiciar un recurso tan importante y menos en momentos de escasez".

Si todavía no ha llegado la etapa más fuerte, ¿cómo podemos prepararnos desde ya?

"Ya no sirve de nada lamentarse y aquí hay dos grandes actores. El primero, y más importante, somos los ciudadanos. Tenemos que generar una mejor cultura frente al recurso hídrico: no desperdiciar agua, reducir el tiempo en las duchas y, en general, crear conciencia. Lo ideal es que no sea una conducta temporal, sino permanente. Lo segundo es mejorar nuestros hábitos frente al consumo de energía: no dejar cargadores conectados todo el tiempo, apagar electrodomésticos cuando no se utilizan, optimizar el uso de la iluminación y promover prácticas más eficientes también en la industria.

El otro gran actor es el Estado. Tiene varias tareas urgentes. La primera es fortalecer las campañas de educación y pedagogía, que hoy son insuficientes".

¿Es realmente posible que haya un apagón nacional?

"El riesgo existe. Si no se hubiera hecho una gestión relativamente buena, uno podría decir que el país ya estaría entrando en racionamientos energéticos. Sin embargo, sí es importante implementar medidas desde ahora porque sabemos que la etapa más compleja está por venir. La pregunta es cómo nos adaptamos para evitar un apagón. Hoy es una posibilidad, pero no una certeza".