“El terremoto abre una oportunidad para el sector edificador, advierte Bancolombia”
Bancolombia estima que el acero y el cemento tienen capacidad disponible, pero advierte sobre restricciones de gas, electricidad, financiación y logística.

El terremoto del pasado 10 de agosto ha sido la peor tragedia de Colombia en la historia reciente. Dejó un saldo de 335 personas fallecidas, 4.516 heridos y 105 desaparecidos, así como más de 486.917 personas afectadas en 500 municipios de 16 departamentos del país.
Sin embargo, en medio del dolor que ha generado y de la titánica tarea que representa la reconstrucción, el sismo se convierte en una oportunidad para reactivar el sector edificador, que estaba en cuidados intensivos, pero que además es clave para recuperar la inversión como protagonista del crecimiento. Es decir, como advierte un estudio de Bancolombia, el sismo introduce una nueva fuente de demanda para un sector edificador que ya atravesaba un momento complejo.
Un sector que ya estaba en crisis antes del sismo
De acuerdo con el análisis, durante el primer semestre, el valor agregado de la construcción de edificaciones cayó 5,6% anual, mientras las ventas de vivienda nueva disminuyeron el 8,7% y las iniciaciones retrocedieron el 18,7%. Esta brecha evidenciaba las dificultades para convertir la comercialización en proyectos efectivamente construidos, una fragilidad que ahora condicionará la capacidad del sector para atender simultáneamente la reconstrucción y el mercado ordinario.
De hecho, Anif, en un reciente estudio, advierte que la vivienda continúa siendo el principal rezago del sector, con niveles de actividad comparables a los de hace más de una década y programas regionales de subsidios que, aunque relevantes, no tienen la escala suficiente para reemplazar una política nacional de apoyo a la demanda.

La magnitud de los daños y dónde se concentrará la respuesta
"El alcance de los daños abriría paso a un impulso significativo, aunque con avance progresivo y focalizado en el territorio. Los reportes preliminares registran el colapso de cerca de 646 edificios y 37.255 viviendas, además de averías en 5.849 edificios y afectaciones en 198.720 viviendas. La respuesta se concentraría en Risaralda, Valle del Cauca, Quindío, Caldas y Chocó, con una primera fase dominada por reparaciones y adecuaciones, mientras la reconstrucción integral avanzaría con mayor lentitud por los tiempos necesarios para evaluar daños, asegurar recursos y contratar las obras", añade el informe de Bancolombia.
Reparaciones rápidas, reconstrucción lenta
Este proceso podría dinamizar inicialmente la actividad de menor escala antes de reflejarse plenamente en la construcción formal. Una parte importante de las viviendas averiadas será intervenida por propietarios, maestros de obra y contratistas independientes, mientras que las edificaciones colapsadas requerirán diseños, licencias, financiación y ejecución especializada. El impacto será, por tanto, heterogéneo: las reparaciones activarán rápidamente la demanda local de materiales y mano de obra, pero la reconstrucción estructural dependerá de la capacidad institucional y financiera de cada territorio.
Un déficit habitacional que se agranda

Sin embargo, acometer esta tarea también implica grandes retos. "El desafío se amplifica porque la emergencia se incorpora a un mercado que ya enfrentaba restricciones financieras y una menor oferta futura. Antes del sismo, los lanzamientos habían caído el 14,2% y las renuncias a la compra habían aumentado el 7,2%. Además, la pérdida de viviendas elevaría el déficit habitacional cuantitativo de 1,19 millones a cerca de 1,23 millones de hogares, un incremento del 3,1%. En este contexto, la reconstrucción puede impulsar la actividad, pero una recuperación sostenida exigirá recursos públicos oportunos, acceso al crédito a un menor costo, subsidios y una coordinación efectiva entre autoridades, aseguradoras, constructores y proveedores de materiales", advierte el informe.
La reconstrucción podría generar una reactivación transitoria de los materiales, pero su alcance dependerá de qué tan preparada esté la industria para responder al aumento de la demanda, agrega el estudio. Aclara que el terremoto ocurre en un momento de debilidad manufacturera y que el impulso no será inmediato ni simultáneo, pues dependerá de la asignación de recursos, la contratación y el avance de las obras. "Por ello, la preparación del sector debe evaluarse no solo por su capacidad instalada, sino también por su posibilidad efectiva de ponerla en operación", aclara Bancolombia.
El riesgo energético: el verdadero cuello de botella
Con base en el Índice de Vulnerabilidad Energética que publica esta entidad financiera, el hierro y el acero, los productos cerámicos y el cemento figuran entre las actividades más expuestas a riesgos asociados con el costo y el suministro de energía, debido a la elevada intensidad energética de sus procesos productivos y a su dependencia del gas. Esto evidencia que una parte relevante de la cadena de materiales de construcción mantiene una exposición significativa ante posibles disrupciones o encarecimientos energéticos.
Y hace una advertencia: la principal restricción para activar la capacidad disponible podría provenir del abastecimiento energético, especialmente ante la intensidad del fenómeno de El Niño y el riesgo de racionamientos. "Hierro, acero y cemento consumen al menos 2,2 veces más electricidad cada uno que el promedio de la industria manufacturera. Cada una de estas actividades registra un consumo anual de gas superior a 91 millones de metros cúbicos, equivalente a más de 1,5 veces el promedio manufacturero. Esta elevada intensidad energética podría limitar la respuesta de la oferta, incluso si existe capacidad instalada suficiente. Aunque el racionamiento no constituye nuestro escenario base, su materialización no puede descartarse", anticipa Bancolombia.
¿Hay capacidad instalada suficiente?
A su vez, afirma el estudio que la siderurgia y la industria cementera cuentan, en principio, con capacidad para atender la mayor demanda asociada a la reconstrucción. El acero dispone de 2,6 millones de toneladas anuales de capacidad instalada frente a una producción de 1,6 millones, una holgura cercana al millón de toneladas que cubriría el incremento estimado de 800.000 toneladas; en cemento, la capacidad alcanza 24 millones de toneladas frente a una producción de 14,3 millones. "Sin embargo, materializar este margen dependerá de la continuidad del suministro energético y, especialmente en el cemento, de una logística eficiente para abastecer los territorios afectados", dice la entidad financiera en su informe.
El estudio concluye que, en síntesis, la industria parece contar con infraestructura productiva para atender una reconstrucción gradual, pero su verdadera preparación estará determinada por la seguridad energética. "La capacidad ociosa del acero y el cemento puede favorecer una recuperación temporal, siempre que las empresas puedan aumentar la producción sin enfrentar restricciones de gas, electricidad, insumos o transporte. El desafío no consiste únicamente en producir más, sino en asegurar que la capacidad disponible pueda activarse y sostenerse durante todo el proceso de reconstrucción".





















