Imagen de referencia de gafas de realidad aumentada.
Imagen de referencia de gafas de realidad aumentada. Getty Images

Usuarios de las gafas Ray-Ban Meta reportaron que sus dispositivos registraban audio y generaban transcripciones sin que pronunciaran el comando "Hey Meta". La empresa aseguró que el problema ya fue solucionado, pero el incidente reavivó las preocupaciones sobre la privacidad y el manejo de datos personales.

Las gafas inteligentes de Meta, desarrolladas en colaboración con Ray-Ban, quedaron nuevamente bajo escrutinio después de que usuarios denunciaran un fallo que habría provocado la grabación de conversaciones sin que activaran voluntariamente el asistente de voz.

Los reportes, difundidos en comunidades de usuarios y posteriormente recogidos por medios especializados, describieron situaciones en las que las gafas guardaban fragmentos de conversaciones y generaban transcripciones en la aplicación Meta AI, pese a que sus propietarios no habían pronunciado la frase de activación "Hey Meta".

La situación generó preocupación porque algunos usuarios aseguraron que la función que permite responder sin utilizar esa frase estaba desactivada. De confirmarse en todos los casos reportados, el comportamiento pondría en duda la confiabilidad de los controles diseñados para evitar activaciones involuntarias.

Meta reconoció que existía un problema y afirmó que ya había sido corregido. Sin embargo, no ofreció públicamente una explicación técnica detallada sobre la causa del fallo ni precisó cuántos dispositivos pudieron verse afectados.

¿Qué ocurrió con las gafas Ray-Ban Meta?

Según los testimonios recopilados por medios tecnológicos, algunos usuarios encontraron grabaciones de voz y transcripciones de conversaciones cotidianas dentro de la aplicación vinculada con sus gafas.

Los reportes indicaron que el problema se habría presentado en varios dispositivos, incluidos modelos de segunda y tercera generación. En algunos casos, los usuarios señalaron que el comportamiento apareció después de una actualización del software.

La preocupación se centró en que el registro de audio parecía producirse sin la activación consciente del asistente. Esto abrió interrogantes sobre los mecanismos que identifican las órdenes de voz, el funcionamiento de los micrófonos y la forma en que el sistema determina cuándo debe guardar una interacción.

No obstante, los reportes de usuarios no permiten establecer por sí solos la extensión del incidente ni demostrar que todas las unidades de las gafas presentaran el mismo comportamiento.

¿Qué respondió Meta?

Consultada sobre el problema, la compañía indicó que el fallo había sido solucionado. También recordó que los usuarios pueden revisar, administrar y eliminar los registros de voz de sus interacciones con Meta AI desde los ajustes de la aplicación.

La respuesta, sin embargo, no aclaró cuál fue el origen técnico del comportamiento denunciado ni si la compañía implementó medidas adicionales para evitar que vuelva a ocurrir.

La posibilidad de consultar y borrar registros permite a los usuarios gestionar parte de la información almacenada, pero no sustituye la necesidad de explicar por qué se generaron grabaciones que, según los testimonios, no habían solicitado.

La privacidad vuelve al centro del debate

El incidente se suma a otras controversias relacionadas con las gafas inteligentes de Meta. En marzo de 2026, investigaciones periodísticas señalaron que trabajadores de empresas contratistas en Kenia revisaban imágenes y videos enviados a los sistemas de inteligencia artificial de la compañía. Entre el material descrito había escenas íntimas y situaciones que las personas grabadas probablemente no esperaban compartir con terceros.

Meta ha explicado que, cuando los usuarios comparten contenido con Meta AI, en ocasiones puede recurrir a contratistas para revisar esos datos y mejorar el funcionamiento de sus servicios. La compañía sostiene que aplica medidas para filtrar información y proteger la privacidad.

Estas explicaciones han generado preguntas sobre la diferencia entre almacenar una fotografía o un video de manera local y enviar contenido a un servicio de inteligencia artificial para su análisis. También han puesto de relieve la importancia de que los usuarios comprendan qué información se procesa, bajo qué condiciones y quién podría acceder a ella.

¿Cómo pueden protegerse los usuarios?

Mientras se aclaran los detalles del incidente, quienes utilizan gafas inteligentes pueden adoptar algunas precauciones:

  • Revisar los permisos de micrófono, cámara y Meta AI desde la aplicación.
  • Consultar el historial de actividad y los registros de voz disponibles.
  • Eliminar las grabaciones que no deseen conservar, según las opciones ofrecidas por el servicio.
  • Mantener actualizado el software del dispositivo y revisar las comunicaciones oficiales sobre correcciones de seguridad.
  • Evitar compartir información financiera, contraseñas o conversaciones confidenciales con asistentes de inteligencia artificial.

Estas medidas ayudan a gestionar la información, aunque no garantizan por sí solas que un fallo de software no vuelva a producirse.

Un desafío para la tecnología portátil

Las gafas inteligentes buscan integrar cámaras, micrófonos y asistentes de inteligencia artificial en dispositivos que se utilizan durante actividades cotidianas. Esa combinación ofrece funciones de manos libres, pero también plantea desafíos particulares: una grabación puede involucrar no solo al propietario del dispositivo, sino también a personas que se encuentran cerca y desconocen que están siendo registradas.

Por ello, la confianza en estos productos depende tanto de sus funciones como de la claridad de sus controles de privacidad, la fiabilidad de sus sistemas y la transparencia de las empresas ante posibles errores.

Aunque Meta afirma que el fallo de grabación involuntaria ya fue corregido, el caso deja preguntas pendientes sobre su causa, el alcance de los reportes y las garantías para evitar nuevos episodios. La respuesta a esas inquietudes será determinante para evaluar la protección de la privacidad en una tecnología cada vez más integrada en la vida diaria.