Canciller Bula posesionó a la embajadora de Colombia en Israel,
Canciller Bula posesionó a la embajadora de Colombia en Israel, Tania Gilinski Cancillería.

Colombia e Israel atraviesan una de las transformaciones diplomáticas más significativas de los últimos años. El 11 de octubre, el diario EL PAÍS publicó un análisis sobre la rapidez con la que el Gobierno de Abelardo de la Espriella ha reconstruido los vínculos con el Estado israelí, después de la ruptura anunciada por el expresidente Gustavo Petro en mayo de 2024.

La decisión de Petro se produjo en medio de la ofensiva israelí en Gaza y de sus fuertes críticas al Gobierno de Benjamin Netanyahu. Durante ese periodo, Colombia también prohibió las exportaciones de carbón a Israel y respaldó acciones internacionales relacionadas con las denuncias de genocidio presentadas ante la Corte Internacional de Justicia.

El cambio de orientación comenzó con la llegada de De la Espriella a la Presidencia. Según el reporte de EL PAÍS, el restablecimiento de las relaciones diplomáticas se anunció el mismo día de su posesión, el 7 de agosto de 2026. Posteriormente, el Gobierno adoptó decisiones dirigidas a recuperar los intercambios económicos y diplomáticos.

La Cancillería colombiana confirma oficialmente que las relaciones se restablecieron el 11 de agosto de 2026. La diferencia entre las fechas corresponde a los anuncios y al registro oficial del proceso, por lo que conviene distinguir ambos hitos.

Jerusalén, el punto más sensible del cambio

Uno de los anuncios más relevantes es el traslado de la embajada colombiana de Tel Aviv a Jerusalén. EL PAÍS informó el 11 de octubre que la apertura de la sede en esa ciudad estaba prevista para el miércoles siguiente, 14 de octubre.

La decisión tiene implicaciones que van más allá de la ubicación de una representación diplomática. Jerusalén es una ciudad cuyo estatus constituye uno de los asuntos centrales del conflicto israelí-palestino. Israel la considera su capital, mientras que el reconocimiento internacional de su soberanía sobre toda la ciudad continúa siendo objeto de controversia.

Colombia había trasladado su embajada de Jerusalén a Tel Aviv en 1980, después de una resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas relacionada con la anexión y el estatus de la ciudad. Por eso, un eventual retorno representa una modificación significativa de la posición diplomática que el país mantuvo durante décadas.

En julio, la agencia EFE ya había informado que el ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa'ar, anunció el traslado después de reunirse en Washington con el canciller designado colombiano, Omar Bula Escobar. En ese momento, el anuncio del funcionario israelí todavía no había sido confirmado formalmente por el Ejecutivo entrante. La información publicada por EL PAÍS en octubre sitúa la medida en una fase posterior, con una fecha de apertura anunciada.

La fecha prevista no debe confundirse con la confirmación de que la embajada haya comenzado efectivamente a operar. Ese punto requiere verificación mediante un comunicado oficial posterior.

El carbón vuelve a la agenda económica

La relación bilateral también tiene una dimensión comercial importante. Según las cifras citadas por EL PAÍS, Colombia exportó a Israel carbón por valor de 446,9 millones de dólares en 2023. El mineral representaba entonces cerca del 90 % de las exportaciones colombianas destinadas a ese mercado.

La suspensión de esas ventas durante el Gobierno de Petro tuvo repercusiones para los productores y las regiones vinculadas con la minería. La Asociación Colombiana de Minería, citada por el diario, calculó que La Guajira y Cesar dejaron de recibir más de 300.000 millones de pesos anuales asociados a esa actividad.

La administración de De la Espriella anunció la reanudación de las exportaciones. Sin embargo, recuperar la posibilidad de vender carbón no significa que el comercio vaya a alcanzar automáticamente los niveles anteriores. La evolución dependerá de la demanda israelí, los precios internacionales, los contratos entre empresas y las necesidades energéticas del país comprador.

De hecho, el análisis de EL PAÍS advierte que el carbón podría perder importancia estratégica para Israel a medida que aumente el uso del gas natural. Esto plantea una pregunta económica de fondo: si la relación bilateral busca consolidarse, ¿podrá hacerlo mediante nuevos sectores de cooperación y no únicamente a través de las exportaciones tradicionales?

Seguridad, inteligencia y tecnología: el componente estratégico

El acercamiento también apunta a sectores que tienen relevancia para la seguridad nacional. En su información institucional sobre Israel, la Cancillería colombiana señala que la agenda bilateral incluye cooperación en seguridad e inteligencia estratégica, lucha contra el crimen transnacional, ciberseguridad e intercambio de información.

La relación en materia de defensa no comenzó con el actual Gobierno. Colombia ha mantenido durante décadas vínculos con proveedores israelíes de tecnología militar. Entre los ejemplos citados por EL PAÍS figuran los aviones de combate Kfir y los fusiles Galil, estos últimos fabricados en Colombia bajo licencia israelí.

La cooperación tecnológica y de seguridad puede ser relevante para las capacidades de vigilancia, inteligencia y protección de infraestructuras. No obstante, es importante diferenciar entre las áreas que los gobiernos han identificado como prioritarias y los contratos específicos que efectivamente se firmen. Un anuncio de cooperación no demuestra, por sí solo, que exista una nueva compra de armamento o un acuerdo operativo concreto.

La agenda oficial también contempla posibilidades en agricultura, salud, ciencia, tecnología y comercio. Estos ámbitos podrían ampliar los beneficios de la relación si se traducen en proyectos verificables, transferencia de conocimientos e intercambios empresariales.

La exención de visa facilita los viajes

Otro cambio concreto es la recuperación de la exención recíproca de visa para turistas colombianos e israelíes. La Cancillería anunció el 11 de septiembre que la medida permite viajar entre ambos países por periodos de hasta 90 días, bajo las condiciones aplicables.

La decisión se formalizó mediante la Resolución 12189 de 2026 y entró en vigor en septiembre. Para los colombianos que viajan a Israel, la exención de visa no elimina todos los requisitos de ingreso: también deben cumplir con las disposiciones migratorias israelíes, incluida la autorización electrónica de viaje ETA-IL cuando corresponda.

La medida puede facilitar los viajes turísticos y favorecer los intercambios académicos, culturales y empresariales. Su impacto económico, sin embargo, dependerá del volumen de viajeros y de la capacidad de convertir una mayor movilidad en relaciones comerciales y de cooperación sostenidas.

La política exterior y el respaldo religioso

El giro diplomático también tiene una dimensión política interna. EL PAÍS identifica los intereses empresariales y de seguridad, junto con las afinidades religiosas de parte de la base electoral del presidente, como factores que ayudan a explicar la rapidez del acercamiento.

Entre los sectores religiosos mencionados están las iglesias evangélicas que respaldaron a De la Espriella. Para algunas corrientes del cristianismo evangélico, el apoyo al Estado de Israel tiene una dimensión teológica vinculada al llamado sionismo cristiano. Esa afinidad contribuye a explicar el significado simbólico que ciertos sectores otorgan a la relación con Israel, aunque no representa necesariamente una posición compartida por todas las iglesias o comunidades cristianas.

El componente religioso, por tanto, se suma a intereses diplomáticos, comerciales y estratégicos, pero no debe presentarse como la única causa del cambio de política exterior.

Las repercusiones en Oriente Medio

El acercamiento con Israel también obliga a observar cómo Colombia manejará sus relaciones con otros países de Oriente Medio y su posición en los organismos multilaterales. Las decisiones sobre Jerusalén, las exportaciones y las posturas frente al conflicto israelí-palestino pueden generar reacciones diplomáticas.

En ese contexto, el Gobierno deberá explicar cómo compatibilizará su renovada alianza con Israel con el respeto al derecho internacional y con las posiciones que Colombia mantenga sobre la protección de la población civil y la búsqueda de una solución política al conflicto.

La relación bilateral no se mide únicamente por la reapertura de embajadas. También se evalúa por los acuerdos que produzca, los intereses económicos que logre desarrollar y la coherencia de la política exterior colombiana en los distintos escenarios internacionales.

Una nueva etapa que aún debe demostrar resultados

La velocidad del acercamiento es evidente: se restablecieron las relaciones diplomáticas, se recuperó la exención de visa, se posesionó una nueva embajadora colombiana en Israel y se anunció una agenda de cooperación en distintos sectores.

El siguiente paso será determinar si esos anuncios se convierten en resultados concretos. La evolución de las exportaciones, los acuerdos de seguridad, los intercambios tecnológicos y el funcionamiento de la representación diplomática permitirán evaluar el alcance real de la nueva etapa.

Más que un simple cambio de tono entre dos gobiernos, la decisión redefine prioridades de Colombia en comercio, defensa y diplomacia. Sus consecuencias dependerán de cómo se ejecuten los compromisos y de la capacidad del país para mantener relaciones internacionales que respondan tanto a sus intereses estratégicos como a sus obligaciones jurídicas.