“Todo lo demás es secundario”
“Todo lo demás es secundario”: la gran advertencia del Nobel Simon Johnson sobre la IA autorreplicante. Cortesía MIT y Universidad Externado de Colombia

Simon Johnson, profesor del Instituto de Tecnología de Massachusetts, ganó el premio Nobel de Economía 2024 por su trabajo sobre instituciones. Ese mismo año, su libro conjunto con Daron Acemoglu, Poder y Progreso, se convirtió en best-seller al contradecir, basado en el estudio del cambio tecnológico en los mil años anteriores, el consenso entonces imperante sobre los beneficios de la IA y advertir que el camino que estaba siguiendo Estados Unidos —el de la IA para la automatización y el de la búsqueda de la superinteligencia— podía terminar, por el contrario, generando mayor desigualdad al apostar por la reducción del trabajo humano.

El domingo 13 de septiembre de este año, después de una serie de escándalos por ataques de "agentes de IA" a diferentes compañías no ordenados por ningún humano, los líderes de las principales compañías creadoras de modelos de inteligencia artificial de EE. UU. abrieron la puerta a inspecciones externas de su trabajo y al inicio de regulaciones nacionales y globales de sus productos. El lunes, Johnson ofreció una conferencia sobre "Prosperidad y Desigualdad", desde Washington, para la Universidad Externado de Colombia, abordando muchas de estas preocupaciones.

El control democrático como condición para la prosperidad

Consultado sobre qué se necesita para que una tecnología como la IA conduzca a la prosperidad de amplios sectores de la sociedad, Johnson respondió: "Necesitamos un mayor control democrático o, al menos, influencia sobre la dirección que toma la tecnología. Es de esperar que los peligros de los 'eventos de nivel de extinción' relacionados con la IA hagan que esto resulte ahora más claro para más gente".

Automatización sí, pero con nuevas tareas

Sobre las condiciones que pueden hacer que el "efecto arrastre de la productividad" funcione con la IA, en lugar de generar mayor desigualdad, explicó: "La IA traerá consigo la automatización (sustituyendo a las personas por máquinas o algoritmos), pero ¿aumentará también la demanda de conocimientos especializados humanos —por ejemplo, mediante la creación de nuevas tareas que requieran ciertos conocimientos o experiencia especializados? Este es el punto clave para que opere el efecto arrastre de la productividad".

Sobre tendencias en trabajos manuales y de oficina, incluyendo la preocupación por los centros de atención telefónica —un sector que ha crecido rápidamente en Colombia—, Johnson señaló que apenas están empezando a recabar información, y mencionó el "Premio a la adopción de la IA en favor de los trabajadores" del Gobierno británico, iniciativa que él mismo dirige desde el Centro para la Economía de la IA.

El impacto en países con bajo nivel tecnológico, como Colombia

Al preguntarle específicamente por economías con bajo nivel en tecnologías de la información, categoría en la que podría ubicarse Colombia, Johnson fue enfático: "La IA, junto con la robótica, va a tener un gran impacto. Los coches (y taxis) autónomos ya lo están demostrando. Habrá presión sobre los buenos puestos de trabajo en todas partes, independientemente de la importancia actual de las tecnologías de la información en cada país".

China, Estados Unidos y la carrera tecnológica global

Sobre la divergencia entre China y Estados Unidos en la adopción de la IA, dijo: "China está apostando fuerte; se trata de una carrera tecnológica mundial con dos grandes protagonistas (Estados Unidos y China). El Reino Unido (y otros países) están intentando encontrar su lugar en este ámbito. El Gobierno británico tiene algunas buenas ideas, pero la situación es muy cambiante y no resulta fácil para nadie (tampoco en Estados Unidos ni en China)".

Renta básica universal: "hay que ser realistas"

Frente a propuestas como la Renta Básica Universal o el Capital Básico Universal para enfrentar la automatización, Johnson se mostró escéptico: "La gente quiere trabajar, siempre que esos puestos de trabajo sean significativos y no demasiado onerosos. Ofrecer un dividendo a todo el mundo resulta atractivo, pero, suponiendo que se cree alguna de estas rentas, ¿compartirá realmente Estados Unidos sus beneficios derivados de la IA (si los hay) con los ciudadanos de todo el mundo? Tenemos que ser realistas".

Sobre la declaración "We Must Act Now" que firmó recientemente, que insta a gobiernos y sociedad civil a actuar de inmediato en la regulación de la IA, dijo: "Este debate avanza rápidamente, incluso en los últimos días. El siguiente paso será una regulación significativa que respalde la moderación que las grandes empresas quieren mostrar. Las lecciones de la regulación financiera sugieren que esto es posible, pero no será nada fácil".

La gran incógnita: la IA autorreplicante

Consultado sobre las incógnitas que deberían abordar las nuevas investigaciones sobre IA, economía y sociedad, Johnson planteó lo que considera la pregunta central: "La gran pregunta es: ¿cuándo llegará la IA a ser 'autorreplicante', es decir, capaz de generar nueva inteligencia artificial y de mejorarse a sí misma, y cómo controlaremos lo que suceda cuando crucemos ese umbral? Todo lo demás es secundario respecto a eso".

Su postura personal frente al uso de la IA

Sobre las restricciones al uso de la IA en las aulas, como las que ha empezado a implementar la Universidad de Chicago, Johnson explicó su propio enfoque con los estudiantes: "Les digo a los estudiantes que pueden utilizar la IA como deseen, PERO que también deben demostrar, tanto en sus trabajos orales como escritos, cómo han aportado un valor añadido más allá de lo que la IA es capaz de hacer. Ahora el listón está más alto para obtener una buena nota".

Sobre su propio trabajo, fue tajante: "Yo no utilizo la IA en mis escritos, porque es importante preservar mi voz, ¡y no quiero que la IA se apropie de ninguna de mis ideas originales!". Contó además que escribe ciencia ficción satírica y thrillers políticos en los que la IA aparece como personaje, "complejos, divertidos y genuinamente peligrosos —aunque, en última instancia, a lo que más hay que temer es a los humanos... ¡Desde luego que no voy a compartir esas ideas con la IA por adelantado!".

Instituciones, democracia y prosperidad

Finalmente, sobre cómo las instituciones explican el funcionamiento del "efecto arrastre" de la productividad y el desarrollo de la IA, Johnson cerró con una reflexión de fondo: "Las instituciones (políticas y económicas) son la base de la prosperidad económica, tanto a nivel nacional como mundial. Se puede vivir a costa de los demás (o robar, o simplemente beneficiarse del aumento de los precios de las materias primas) durante un tiempo. Pero si no se protegen los derechos de propiedad y no se mantiene la democracia sobre una base sólida, la prosperidad acabará resultando ilusoria".