Autopista Norte inicia ampliación tras años de retrasos ambientales
El proyecto Accesos Norte Fase II tendrá una inversión de $1,8 billones y contempla obras viales, ciclorrutas, puentes peatonales y soluciones hidráulicas.

Después de varios años de retrasos asociados a trámites ambientales y administrativos, este jueves 15 de octubre de 2026 comenzaron las obras de ampliación de la Autopista Norte de Bogotá, en el tramo comprendido entre las calles 191 y 245. Los trabajos arrancaron en el costado oriental, a la altura de la calle 245, y hacen parte del proyecto Accesos Norte Fase II, una intervención de infraestructura que busca mejorar la movilidad entre la capital y los municipios de la Sabana.
La inversión total prevista para el proyecto asciende a $1,8 billones e incluye intervenciones en tres corredores: la Autopista Norte, la carrera Séptima y la vía perimetral de Sopó. La ejecución está a cargo de la Concesionaria Ruta Bogotá Norte S. A. S., mientras que la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) supervisa el contrato. En el tramo urbano de Bogotá, el Instituto de Desarrollo Urbano (IDU) participa en la coordinación con las entidades distritales y el concesionario.
El inicio de las obras representa un avance administrativo y operativo, pero no significa que los problemas de movilidad estén resueltos. La ampliación requerirá varios años de construcción y su impacto dependerá del cumplimiento del cronograma, la gestión del tránsito durante los trabajos y la capacidad de mantener las condiciones ambientales exigidas.
¿Qué cambiará en la Autopista Norte?
La intervención sobre la Autopista Norte cubrirá aproximadamente 5,8 kilómetros entre las calles 191 y 245. El diseño contempla llevar el corredor a seis carriles por sentido: cinco destinados al tránsito vehicular y uno para TransMilenio, con carriles de adelantamiento en las estaciones correspondientes.
El proyecto también incluye retornos a desnivel en las calles 224 y 242, cerca de 11,6 kilómetros de ciclorruta distribuidos en ambos costados del corredor y seis puentes peatonales. Estas obras buscan mejorar las condiciones de circulación para conductores, usuarios del transporte público, ciclistas y peatones.
La intervención forma parte de una estrategia de conexión regional. Además de la Autopista Norte, Accesos Norte II contempla una doble calzada en la carrera Séptima entre las calles 201 y 245, así como la intervención de 7,2 kilómetros de la vía perimetral de Sopó, en Cundinamarca.
Según las autoridades distritales, el proyecto podría beneficiar a más de siete millones de habitantes de Bogotá y de municipios como Chía, Cajicá, Tocancipá y Zipaquirá. La cifra corresponde al alcance poblacional estimado del proyecto y no implica que todos esos habitantes experimenten el mismo nivel de mejora en sus desplazamientos.
Los trámites ambientales que retrasaron el proyecto
La ampliación llevaba años sin avanzar al ritmo previsto debido, entre otros factores, a los requisitos ambientales relacionados con la franja de conexión entre los humedales Torca y Guaymaral. Las autoridades debían resolver aspectos de conectividad hidráulica y ecológica, así como presentar estudios y medidas de manejo que permitieran desarrollar las obras sin desconocer las obligaciones de protección ambiental.
En agosto de 2026, la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) avaló el inicio de las actividades preliminares y constructivas después de que el concesionario atendiera los requerimientos formulados por la entidad. Entre los asuntos evaluados estaban los estudios de movilidad, los modelos de conectividad y los planes de manejo y seguimiento ambiental.
El antecedente resulta importante porque el corredor se encuentra en un sector donde la infraestructura vial convive con ecosistemas estratégicos. La ampliación deberá atender las necesidades de movilidad, pero también mantener las condiciones establecidas para la circulación del agua y la conectividad de la fauna.
El cumplimiento de las obligaciones ambientales será uno de los aspectos que habrá que seguir durante la ejecución. Obtener una autorización permite avanzar, pero no elimina la necesidad de supervisión, seguimiento y corrección cuando corresponda.
La promesa de reducir la congestión y las inundaciones
Uno de los objetivos centrales del proyecto es aumentar la capacidad de la vía y mejorar la circulación en un corredor que conecta a Bogotá con varios municipios del norte de Cundinamarca. Las autoridades también esperan reducir los problemas de acumulación de agua que afectan determinados sectores durante las temporadas de lluvias.
El diseño contempla obras hidráulicas para mejorar el manejo del agua, además de pasos para la fauna. Sin embargo, el efecto real sobre las inundaciones dependerá de la ejecución de esas soluciones, de su integración con el sistema hídrico de la zona y del mantenimiento posterior.
En materia de tránsito, la ampliación puede ofrecer más capacidad una vez terminada, pero durante la construcción será necesario gestionar la circulación para evitar que los trabajos agraven los tiempos de desplazamiento. La información disponible sobre el inicio de la obra no permite afirmar que todos los conductores experimentarán mejoras inmediatas ni establecer una reducción específica en los tiempos de viaje.
Por esa razón, el seguimiento ciudadano deberá concentrarse tanto en los avances físicos como en los impactos cotidianos: cierres, desvíos, seguridad vial, acceso a predios y continuidad del transporte público.
Una entrega prevista para 2031
La finalización del proyecto está prevista para 2031. El plazo convierte la ampliación en una intervención de largo alcance, cuyos resultados se verán progresivamente y no de manera simultánea en todos los tramos.
El desafío de las autoridades y del concesionario será sostener el ritmo de ejecución, coordinar las obras con las entidades responsables y garantizar que las inversiones se traduzcan en infraestructura funcional y segura. También será fundamental informar oportunamente a los ciudadanos sobre las fases de construcción y las modificaciones temporales de circulación.
La ampliación de la Autopista Norte marca el paso de una etapa de trámites y autorizaciones a una fase de construcción. Para Bogotá y los municipios vecinos, el resultado no se medirá únicamente por los kilómetros intervenidos o el número de carriles construidos, sino por la mejora efectiva de la movilidad, la seguridad de los usuarios y el cumplimiento de las obligaciones ambientales.

