Cueva de Isturitz

Una mujer que vivió hace unos 30.000 años en lo que hoy es el suroccidente de Francia tenía ascendencia de poblaciones de Europa occidental y centro-oriental. El hallazgo demuestra que los grupos de la Edad de Hielo en distintas partes del continente mantenían contacto genético, según un estudio publicado el 23 de octubre en Science Advances. Sus restos, encontrados en la cueva de Isturitz, en el País Vasco francés, proporcionaron el conjunto de datos genómicos más antiguo obtenido hasta ahora de un humano moderno en el suroccidente europeo.

El mismo equipo recuperó ADN humano de un diente deteriorado en la cueva de Chufín, en el norte de España y, de forma aún más llamativa, del sedimento de la cueva de El Mirón, en Cantabria, donde no se hallaron huesos ni dientes humanos. El resultado demuestra que los investigadores pueden identificar la ascendencia humana a partir de la tierra, lo que abre una ventana a épocas y lugares donde no se conservan esqueletos.

Los hallazgos son relevantes para comprender cómo sobrevivieron las poblaciones a uno de los cambios climáticos más extremos de la historia humana. El estudio describe a grupos que vivieron durante el periodo previo al Último Máximo Glacial, cuando las capas de hielo alcanzaron su mayor extensión y buena parte del norte de Europa se volvió inhabitable.

Mezcla entre el este y el oeste

La mayor parte de la ascendencia de la mujer de Isturitz procedía de un linaje de Europa occidental, pero también tenía un componente vinculado con poblaciones de Europa central y oriental, según un comunicado de la Universidad de Viena. Los modelos genéticos sitúan esa mezcla entre hace aproximadamente 32.500 y 31.500 años. Una señal similar apareció en un individuo estudiado previamente en Ormesson, cerca de París.

El primer autor, Pere Gelabert, del Departamento de Antropología Evolutiva de la Universidad de Viena, afirmó: "Las poblaciones de Europa oriental y occidental no estaban tan aisladas genéticamente como se suponía". El autor principal, Ron Pinhasi, dirigió el equipo internacional, integrado por unos 40 coautores de instituciones de Europa y Estados Unidos.

Al combinar los datos genéticos con la evidencia arqueológica, los autores plantean que Isturitz pudo ser un punto de encuentro para distintos grupos durante el periodo gravetiense, una cultura conocida por sus figurillas femeninas talladas y por el intercambio de materiales a larga distancia. Esa interpretación es una propuesta, no una conclusión demostrada.

Ascendencia a partir de un diente y de la tierra

El ADN antiguo sobrevive en fragmentos cortos y químicamente dañados. Los investigadores muelen una pequeña cantidad de hueso o diente, extraen el material genético que queda, secuencian millones de fragmentos y los comparan con genomas de referencia. La muestra de Isturitz estaba suficientemente bien conservada para proporcionar más de 454.000 posiciones variables, según un informe detallado de The Brighter Side of News.

El diente de Chufín, perteneciente a una mujer adulta que vivió hace unos 26.000 años, estaba muy deteriorado y produjo muchos menos marcadores utilizables. Aun así, respaldó la persistencia de una ascendencia vinculada con Europa occidental en el norte de España. Para evitar la contaminación con material de personas actuales, el equipo conservó únicamente las moléculas de ADN que mostraban el daño químico característico del material antiguo.

El hallazgo de El Mirón representó el mayor avance técnico. A partir de una capa de sedimento fechada hace unos 22.000 años, el equipo generó más de 1.000 millones de lecturas de secuenciación y seleccionó 14.737 marcadores genéticos humanos, suficientes para vincular el ADN con un linaje occidental. Trabajos anteriores en la cueva solo habían recuperado ADN mitocondrial. Pinhasi dijo que el ADN sedimentario "nos permite recuperar información genética de periodos en los que no hay restos humanos", según Scientific Frontline.

La península ibérica como refugio durante la Edad de Hielo

El resultado de El Mirón muestra que la ascendencia occidental persistió en Cantabria durante el Último Máximo Glacial. Esto respalda la idea, sostenida desde hace tiempo, de que la península ibérica sirvió como refugio, donde las poblaciones soportaron los milenios más fríos antes de volver a expandirse hacia el norte de Europa cuando el clima se calentó.

El estudio también aportó un dato familiar del sur de Italia. Un feto conocido como Ostuni1b probablemente era hijo de una mujer estudiada previamente, Ostuni1. Su padre probablemente procedía de la misma población amplia, pero los padres no tenían un parentesco cercano, lo que sugiere patrones de apareamiento que ayudaban a limitar la endogamia en grupos pequeños.

El clima determinaba dónde podían vivir estas personas y con quiénes se encontraban, y el momento también es importante. Por lo general, el Último Máximo Glacial se sitúa entre hace aproximadamente 26.000 y 19.000 años. Por eso, las muestras de Chufín y El Mirón corresponden al periodo inmediatamente anterior y al inicio de esa fase de frío extremo, mientras que la mujer de Isturitz vivió varios miles de años antes. El registro genético sugiere que, incluso mientras avanzaban los hielos, los grupos se desplazaban cientos de kilómetros e intercambiaban parejas, en lugar de sobrevivir como núcleos aislados.

Muestras pequeñas y preguntas abiertas

El estudio secuenció apenas a tres individuos y, en total, solo se ha recuperado ADN de alrededor de dos docenas de esqueletos gravetienses, señaló Live Science. La conclusión sobre la conexión entre el este y el oeste depende en gran medida de la mujer de Isturitz y del individuo de Ormesson, y la estimación temporal de Ormesson no fue estadísticamente significativa.

El ADN sedimentario también tiene limitaciones. Una capa de tierra de una cueva puede contener ADN mezclado de muchas personas, por lo que El Mirón ofrece una señal de ascendencia, no el genoma de un individuo. La fecha de la mezcla también parte del supuesto de un único episodio de flujo genético, y no puede descartarse que un componente oriental más antiguo ya estuviera presente en el oeste, debido a la ausencia de genomas anteriores del suroccidente europeo.

Para los lectores, no hay una acción práctica derivada del estudio, pero sí una enseñanza sobre el método. El sedimento de cuevas de todo el mundo, incluidas las de América, podría contener ADN humano incluso cuando los huesos han desaparecido, una herramienta que permitiría llenar importantes vacíos en la historia de la humanidad. Los siguientes pasos incluyen analizar más capas de sedimento y más yacimientos gravetienses, especialmente en regiones donde nunca se han encontrado esqueletos de ese periodo. La conclusión es que un genoma de hace 30.000 años y un puñado de muestras de tierra de cuevas muestran que los europeos de la Edad de Hielo estaban más conectados de lo que se creía, aunque el panorama todavía se basa en muy pocas personas.

Lo que los lectores quieren saber

¿Quién era la mujer de Isturitz?

Una mujer que vivió hace unos 30.000 años en el suroccidente de Francia. Su genoma es el conjunto de datos genómicos más antiguo obtenido de un humano moderno en esa región.

¿Qué mostró su ADN?

Principalmente ascendencia de Europa occidental, además de ascendencia vinculada con poblaciones de Europa central y oriental, producto de una mezcla ocurrida hace entre unos 32.500 y 31.500 años.

¿Cómo puede obtenerse ADN de la tierra de una cueva?

Las personas liberan ADN en su entorno. En El Mirón, los investigadores extrajeron y filtraron ADN humano antiguo de una capa de sedimento de hace 22.000 años.

¿Por qué es importante la península ibérica en esta historia?

Los resultados de El Mirón respaldan la idea de que la península ibérica fue un refugio donde las poblaciones sobrevivieron a la etapa más fría de la última Edad de Hielo.

¿Cuándo se publicó el estudio?

Fue publicado el 23 de octubre de 2026 en Science Advances.

¿Qué tan sólida es la evidencia?

Se basa en tres individuos recién secuenciados y un genoma estudiado previamente, por lo que las conclusiones son indicativas, pero no definitivas.