Dany Hoyos presenta Primavera, su segunda novela, en la Fiesta del Libro de Medellín
El escritor y comediante contó cómo transformó experiencias de su adolescencia y la memoria de sus amigos en una historia entre la realidad y la ficción.

Dany Alejandro Hoyos creció en un barrio popular, con muchos amigos y jugando en la calle. "Mis juguetes fueron imaginarios: escondite, chucha cogida, yeimis, arranca yuca, stop, tin tín corre corre y esconde la correa", se lee en su más reciente novela llamada Primavera. Son sus nostalgias, la remembranza de los amigos que ya no están, una mezcla entre realidad y ficción.
A sus amigos les cambió el nombre y en un rompecabezas también musical los llamó como los salseros que escuchaban "en su época": Héctor, Rubén, Willy, Frankie y más.
Además le metió fútbol, porque esa pasión atravesaba el barrio así como la violencia que inevitablemente los marcó a todos. Algunos de ellos ya no están.
Lejos de su faceta de comediante (aunque el libro tiene también su dosis de humor), Dany está disfrutando verse en la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín como librero, como cabeza de una nueva editorial, Estetograma, y como escritor. El Colombiano conversó con él sobre Primavera.
De la nostalgia a la novela: el origen de Primavera
Sobre si desde el principio pensó en Primavera como un libro lleno de vivencias personales, Hoyos explicó: "No, pero lo primero que yo escribí hace muchos años, que fue la muerte de mi amigo Néstor, fue un intento de cuento. Después seguí escribiendo muchas cosas de los amigos porque soñaba con ellos y estaba esa nostalgia. Llegó la muerte de mi abuelo y terminé escribiendo El árbol de Guayacán y se publicó primero ese, pero Primavera estaba ahí y luego me dediqué a buscar la voz narrativa, tenía muchos escritos sueltos de anécdotas con amigos y no tenía el barrio, y luego lo encontré como Primavera, un barrio ficticio en honor a Medellín y que representara a los barrios populares".
Barrio, salsa y fútbol: los tres componentes del libro
Sobre los tres ejes del libro, el autor dijo: "Todo eso reúne la amistad. Hay una gran sombrilla que es la amistad, los amigos, la adolescencia. Puede ser una novela de esas que se llaman de formación, que es donde el narrador es adolescente o el narrador está en ese proceso. Aunque hay un narrador de cuarenta años que está recordando y rememorando, por eso esto es también un libro de nostalgia".
Un trabajo de "carpintería" entre realidad y ficción
Al preguntarle cómo logró amalgamar la realidad y la ficción de lo que vivió con sus cinco amigos reales, a quienes les cambió el nombre por el de salseros, Hoyos explicó: "Eso fue un trabajo de carpintería. Primero definir cuáles eran los personajes y las historias que iba a contar y cuál era el organigrama del mundo, porque sí, eran muchas y me quedó gente por fuera (...) En esa carpintería hice la lista de los cantantes que me gustan y sus características para mirar cuál encajaba con mis amigos. Tengo muchas hojas de trabajo con eso. A varios amigos los uní en uno. Muchas son vivencias reales, la gran mayoría y son sucesos que sí pasaron, aunque hay palabras que uno pone en la voz de alguien que no se dijeron tal cual, pero en general la idea era plasmar esa nostalgia por la vida de los noventa, por el mundo en el que yo viví en mi adolescencia, que a pesar de lo difícil que fue la violencia y la escasez, yo fui feliz".
Consultado sobre si le mostró el libro a otras personas que vivieron esa época con él, contó una anécdota que su primo le recordó y que no quedó incluida en la novela: un partido de fútbol improvisado con "los hijos del rico" en una finca donde su tío trabajaba como mayordomo, que terminó en pelea por un choque de códigos entre el mundo del barrio y el de la gente adinerada. "Es que además teníamos mucho mundo, a los 14 años nos íbamos en bicicleta a unos charcos en Barbosa, hoy otro amigo me dice que él a su hijo hoy no lo dejaría ir solo a Barbosa a lo mismo", agregó entre risas.
Momentos que le ganaron la emoción al escritor
Sobre si en algún momento la emoción lo obligó a detener la escritura, Hoyos fue franco: "Muchas veces, incluso todavía el en el capítulo de Jhonny que me dio muy duro. Hay otro de Héctor, el Héctor en la vida real que nos conocimos siendo acólitos, me acuerdo de las canciones que escuchábamos y con las que lloro, de su papá que era muy bravo. Me acuerdo de Juan, el hijo de doña Mireya, hombre que para mí fue un gran amigo y cuando el muere al pasar una frontera invisible por ir a buscar un amor. Fueron partes difíciles como también la muerte de Willie Colon que la alcancé a incluir porque además cuando lo entrevisté invité a muchos amigos de mi colegio después de veinte años de no vernos. La nostalgia siempre está ahí".
La salsa como lenguaje narrativo
Sobre la presencia constante de la salsa en su obra, explicó: "En todo lo que yo hago meto salsa como sea, por eso muchos personajes se llaman como los de la salsa. Hay demasiados guiños que los salseros de cuna los sabrán identificar y que tienen que ver con la historia. Para mí, la literatura es música. La literatura tiene que oírse bien, tiene que escucharse bien, debe tener un tono. Por eso me gusta García Márquez tanto, porque es musical, porque su prosa tiene que ver con un ritmo, con una música, con algo que te suene. Y a mí me interesaba que este libro sonara a barrio. A mí la vida me suena a salsa, vallenato, a tango, a porros, el barrio me suena a diciembre".
Sobre el papel del fútbol, agregó: "Claro, porque todos cabemos allí: el tronco, el gordo, el flaco, el churro. Un equipo de fútbol es el espacio del encuentro. Es una enfermedad que, yo lo digo explícitamente, heredé de mi papá (...) El fútbol es el abrazo con el desconocido, es celebrar un gol, es alabanza, pero a la vez batalla".
Librero, editor y escritor en la misma feria
Sobre su paso simultáneo por la Fiesta del Libro como escritor, librero y editor, contó: "A mí me encanta el tema de los libros, me podía quedar hablando de amor a la literatura todo el tiempo. Por eso decidí salirme del programa (el de Suso) para darle prioridad a todo esto. Ha sido agotador, pero un agotamiento rico. Yo todavía no dimensiono el afecto; es que habiendo tantos libros, de García Márquez, de Pessoa, de Zweig, la gente decide comprar un libro mío. Yo respeto mucho a mis lectores, me siento como en un sueño. ¿Cuándo me iban a decir a mí que Penguin Random House iba a publicar mis libros? Eso, para que entiendan, es como decir que estoy jugando en el Real Madrid, en el Barcelona. Yo me estoy disfrutando esta experiencia de ser escritor".
¿Habrá un tercer libro?
Consultado sobre sus próximos proyectos, Hoyos reveló que baraja varias ideas: "Lo que pasa es que hay que trabajarle a eso. Después del primero, El árbol de Guayacán —que ya vendió 11.000 ejemplares— había esa presión por el segundo y ahora me dicen ¿pa' cuando el tercero? Sí, estoy en una diatriba de si hablar de salud mental, escribir El club de los vulnerables con todo lo que he estudiado y con toda mi historia o hacer el libro de mi abuela, que es el que le debo. Y ese lo haré en algún momento, el libro de mi abuela paterna. De hecho hay otro cuentos que se llamaría algo así como Lo que quedó faltando, que serían los cuentos que no tuvieron cabida en El árbol de Guayacán o en Primavera. Sería hacer un libro de esos dos mundos. Por ahora disfrutarnos este. Yo me siento muy contento. Todo esto me ha hecho muy feliz".





















